Cuando
Amanecí entre tus brazos. Todo es posible. El último sueño fue de almendras y tú.
No había jardines ni alondras, no había recuerdos. No éramos jóvenes, no éramos nada, ni siquiera nosotros.
Me dijiste algo que olvidé, luego te reíste y nos reímos de tu risa.
A veces es mejor no descifrar ni especular.
Como sea, amanecí entre tus brazos. Pero no estabas.
Mi presente se teje con los ayeres infinitos que no supieron perdurar
más allá de este amor, de esta memoria que escarba sin cesar, sólo por tenerte,
por tomarte
entre mis dedos y sentir que como arena te vas.
Inaudito sospechar el futuro, el amanecer de mañana,
el devenir de la nada, el temporal de junio, la celebración de octubre,
el milagro de una flor entre tus dientes, el destino de mi sombra sin la tuya.
Cuando la noria se detenga, ¿te volveré a abrazar?
Cuando pare de llorar, ¿me volveré a reír?
Cuando Dios me hable, ¿le volveré a creer?
Cuando deje de rezar ¿me volverás a amar?
Cuando abra los ojos, ¿te volveré a ver?
Cuando estire mi mano, ¿te volveré a sentir?
¿Puedes oírme…?
Mariano