Thursday, October 7, 2004

Tentaciones

Los miércoles por la mañana me persigue la tentación de describir algún sentimiento. No alguno en especial sino el que esté ahí. El de turno, digamos. A veces es tristeza, a veces nostalgia o a veces una alegría terrible, casi irrespetuosa teniendo en cuenta que el mundo se cae a pedazos sobre las ruinas del mío. A veces es algo que no entiendo pero que me recuerda a la desolación.
Y pienso, desde el silencio de la soledad que me permito construir entre cada sensación, que debo evitar los excesos, las posibilidades que el verbo interminable me permite. No está bien jugar con las palabras, no al menos sin ser consciente de las furias que se pueden desatar con cada frase. Ni hablemos de lo que ocurriría si uno, apenas por accidente, da con la palabra secreta, con la exacta, aquella que persiguió Borges y que lo condenó a la oscuridad cuando la descubrió desde el aleph terrible. La misma palabra que reveló al péndulo y que descubrió el verdadero nombre de Dios.
Ni pensar en la creación literaria. Ni soñar con oscuros personajes que uno pare desde la irresponsable posibilidad del aburrimiento cuando se le da por ponerse a inventar historias.
Importante: lo que uno inventa, lo crea. No hay, pues, ficciones.
La Palabra está en nosotros, y tal vez eso sea lo que motiva el desmesurado precio. El que tenemos que pagar, claro. El que se nos cobra a los que por intuición o suerte sospechamos la Verdad.
Pero así y todo he decidido suicidarme en la audacia de un atrevimiento. El mío. Primero y –quizás- último. Voy a crear al mundo en siete días. Voy a escribir una historia. Pronto. Algún día. Aunque algo pase.
Total, de algo hay que morir.

Mariano Pedrozo
Septiembre de 2001

Posted by Mariano at 06:35:32 | Permalink | No Comments »