Un Día Normal
Amaneció como cualquier día normal. Desayunó normalmente. Tomó el tren como cada mañana, en el horario normal. Hizo todo lo que hace normalmente. Trabajó, salió a almorzar y después siguió trabajando con toda normalidad. Fumó la cantidad de siempre, menos uno. Casi normal. Regresó con el cansancio normal de cada día. Se bañó poniendo el agua a la temperatura normal y ya sintiéndose normalmente limpio, cenó con toda normalidad. Luego se acostó y disfrutó como lo hacía de manera normal cada noche y durante medio minuto la blanca normalidad de las sábanas. Cuando terminó el rito, cosa normal, apagó la luz, y se aguantó de respirar tanto como pudo, que fue lo exactamente lo que indicaba el manual del Perfecto Día Normal: “normalmente tres minutos”. Se provocó la asfixia de manera normal. Muerte natural, firmaron. Naturalmente normal. Qué raro, se oyó, un señor tan joven, con una vida tan…
Mariano Pedrozo
27 de Noviembre de 2004