Un Deseo
Estas líneas no pretenden solamente desear lo mejor a quienes mejor quiero, sino también pedirles, de la manera más humilde que se unan conmigo en un deseo conjunto, generoso y al mismo tiempo íntimo que nos aparte al menos un rato del cotidiano egoismo que con mayor o menor conciencia todos ejercemos y nos ayude a crear una masa crítica de conciencia que nos convierta verdaderamente en co-creadores de la obra de Dios y no en su mayor depredador.
Deseo fervientemente que en medio esta de celebración de fin de año que la mayoría de la gente se apresta a recibir quede un tiempo, por pequeño que sea, para recordar a tanto hermano y hermana que a lo largo y ancho de este sufrido mundo no tiene nada que celebrar e incluso, poco o nada que comer o agua qué beber. A nuestros hermanos en Asia, que han sufrido la peor desgracia natural de la historia conocida de nuestra civilización, a los que en lugares como Irak, Afganistan y tantos otros sufren la barbarie criminal de guerras inventadas por asesinos de escritorio y traficantes de armas y petroleo, a los niños que en países como nuestra Latinoamérica no saben ni sabrán jamás de Reyes Magos porque tienen que salir a trabajar o incluso a prostituirse para sobrevivir, padeciendo hambre en el continente más naturalmente rico del planeta, a los que han perdido a un ser querido o lo tienen lejos, a los que arrastran el dolor de una existencia no elegida, ya sea libres, ya sea prisioneros, de otros o de sí mismos. A los enfermos y a los pobres en materia, pero por sobre todo, en espíritu. Y en definitiva, a cada ser humano que sienta que esté pasando por momentos de soledad, dolor, carencia o necesidad. A todos aquellos que no tengan nada que festejar y que en el marco de este festival de confeti y frivolidad con que cada fin de año se viste nuestro mundo, no hacen más que profundizar su desdicha.
Y deseo, finalmente que sepamos agradecer (y no solamente por aquello de que mal de muchos…) cada don, cada regalo que recibimos con cada amanecer al despertar vivos y sanos, al tener un plato de comida y poder darnos el lujo de abrazar a los que queremos (y tenerlos con nosotros), de decirle te amo a alguien y poder escuchar lo mismo. Ojalá tengamos esa conciencia de riqueza para poder amar y sentirnos más cerca de tantos que no la tienen en ninguna de sus formas.
Y más que desear, ¿por qué no hacer el intento de compartir algo con alguien de manera real, de abrazar a alguien que lo necesite aunque no sepamos ni quién es, de desprendernos de algo propio que no sea ni una sobra ni un desperdicio a favor de alguien que lo necesite?
Este año nuevo le dedico mis uvas y todos mis deseos, como en cada otro, a esos que no tienen nada más que a sí mismos… y a veces ni siquiera eso.
Porque de ellos ya es el Reino de los Cielos.
Feliz Año Nuevo. Dios los bendice.
Mariano
… ayer soñé con los hambrientos, los locos, los que se fueron, los que están en prisión.
Hoy desperté cantando está canción que ya fue escrita hace tiempo atrás
y es necesario cantar de nuevo una vez más.
Inconciente Colectivo (C. García)
