Sin Retorno
Hoy me llené de inesperada poesía y sabiéndome indefenso recurrí a un mágico conjuro de insensataces correctas para tratar de entender los secretos motivos de los poetas secretos. Pero en medio del arrebato místico de la poética despiadada y de mis vanos intentos me olvidé de escribir y cuando recuperé esa específica memoria que necesitaba para nada, caí en cuenta que no todo es materia posible o conveniente de convertir en literatura. Ni por error ni por decisión.
Pero aún y así la poesía caprichosa eligió montarse en mi soledad y apesadumbrar mi silencio existencial con legiones de sílabas coloreadas por la magia de un mundo que no es éste (seguro) y que se insinúa últimamente con una habitualidad sospechosa.
Hoy me llené de poesía y los planetas cambiaron de lugar, el océano de la desesperación atemperó sus mareas y casi todo se pobló de magos y espadas milenarias, de naves del recuerdo y frutas prohibidas, de elevados principios y bajas pasiones, de color y dolor, pero esto último más con afán de prostituir una rima que por necesidad de regesar al mentiroso presente de esta vida sin tiempos pero poblada de ayeres. Y en medio de eso la poesía degeneró en milagros arrebatados, compulsivos, que obedecían a designios normalmente malinterpretados y sudorosos de algarabia o rabia, pero pocas veces genuinos o morales…
Pero a pasar de todo hoy me llené de poesía. Y de la poesía, como del amor, no hay retorno.
Nunca.
Mariano Pedrozo
10 de Diciembre de 2004
