Friday, December 10, 2004

Cabalga Un Cisne Blanco

Cabalga el viento como un ave por los caminos del Cielo.

Cabalga el viento como si fueras ese ave.

Remójate en las nubes, hechizando al miedo,

y que hechizado acabe.

Respira.

Respira.

Vuela libre por todo espacio, águila al Sol

Galopa el horizonte como si fueras el suspiro de un “te quiero”.

Enséñale a reír al Gran Dragón.

Usa un enorme sombrero como un druida de los Tiempos Antiguos.

Ponte un enorme sombrero y un vestido tatuado de lunas.

Cabalga un cisne blanco y déjame ir contigo,

rasgándole en el vuelo,

a la bruma

el velo.

Rocía de color el aire que respiro con tu mágica sonrisa…

Enamórame de ti cada mañana y arrancaré de mi jardín melodías…

algunas,

para que soplen como brisa

en tu nariz rozando con la mía

…dos en una.

Usa el cabello largo…

no podrás equivocarte,

Cabalga un cisne blanco,

y déjame amarte

tanto… tanto.

Recoge una estrella y póntela en la frente;

piensa cielos con diamantes, di algunos hechizos

Y allí estarás.

conmigo… entre la gente

Desde la magia,

al Sol naciente,

cantando la canción…

“Da da di di da

Da da di di da”

… la canción de siempre.

 

Mariano Pedrozo

Setiembre de 2000

                                                                       

                                                                 

                                                         

(Adaptación muy libre y descarada de la canción ‘Ride a White Swan’ de T.Rex escrita por Marc Bolan. Digamos más bien que le robé la idea y algunas frases y que el resto es mío en un ochenta o noventa por ciento)

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Saturday, December 4, 2004

Primer Año

 A Carolina, por la anécdota que me regaló la idea

 

Tomó en cuenta el hacer una siesta larga esa tarde y para esto durante la mañana corrió más de la cuenta en los recreos a fin de asegurarse el cansancio necesario. Iba a ser una noche larga. Adujo un dolor de cabeza inexistente para justicar ante su madre el sueño prolongado y así deshizo cualquier sospecha prematura…


 

Dejó ir lo que quedaba de la tarde midiendo rigurosamente el declive del sol sobre el poniente, entre el mar y las nubes intensamente rojas del crepúsculo, contando de a sesenta cada segundo de cada minuto, arrítmica e imparcialmente. Sin darse cuenta, vivió con total intensidad y por primera vez en sus catorce años una puesta de sol, pero no por cuestiones asociadas a un posible estado idílico, situación que a su edad todavía se le antojaba innecesaria y hasta ligeramente cursi, pero que detonaría como una rosa entre las manos años después con ese mismo sol, sobre esa misma playa y bajo ese mismo cielo. No. Ahora la cuestión tenía más que ver con el desafío de su propia curiosidad y más específicamente con cierta intriga, fascinante y absoluta que no aceptaba otra cosa que una personal investigación.

Aburrida de la cuenta regresiva repasó prolijamente cada una de las secuencias del plan y las ordenó sobre la arena blanca con ayuda de una ramita mojada. Descartó una oración recomendada por su mejor amiga considerándola imprecisa y carente de vocación milagrosa o medianamente científica. Recordó la importancia de la pijama oscura y el contratiempo de la luna llena con un –anunciado- cielo despejado. Pero se recordó también que no había alternativas: su hermano cumpliría el primer año en el primer minuto del nuevo día y ni todos los caballos del rey podrían arrear hacia delante o hacia atrás ese momento definitivo.

Cenó liviano y en su reporte de sobremesa habló de magos, raices cuadradas, una maestra nueva y papayas frescas. Luego besó a sus padres y se retiró a su cuarto. Se puso la ropa de dormir adecuada y se tapó hasta la cabeza. No por frío, no por miedo, sino porque las cobijas y el edredón –calurosos eso sí- amortiguarían así el canto bajo de su voz preciosa al que había decidido apelar para no quedarse dormida ya que la siesta no le garantizaba de manera alguna el insomnio requerido. El recurso se demostró eficaz y mejor aún, aceleró las dos horas que restaban para que la casa se llenara de oscuridad y silencio. Fue entonces, luego de un extenso repertorio nutrido de letras completas y otras un poco inventadas, que asomó su cabeza y luego el cuerpo y luego las piernas por entre los pliegues de su trinchera de lino. Se deslizó con exagerados cuidados hasta la habitación de su hermano después de comprobar que el cuarto paterno ya era territorio ganado por Morfeo. Calculó que aún faltaban unos minutos para el cambio de día y se preparó para escuchar la sirena que desde el faro ordenaba con marítima exactitud la caida de la medianoche. Entró en la habitación del niño, otrora usado como cuarto de planchar y ahora escenario de peluches y colores nuevos. Rogó que el apetito del bebé no se activara en automático con la sirena, ya que eso corrompería la misión y sus planes minuciosos no contemplaban de ninguna manera el irse a dormir sin dar con la solución del enigma. O peor que eso, arrastrando hasta el fin de los tiempos -o por lo menos hasta la aparición de otro bebé- la no comprobación de su revolucionaria teoría. En medio de ese deseo silencioso andaba cuando la sirena la sobresaltó al punto de casi arrancarle un grito. No estaba acostumbrada a ese sonido tan familiarmente desconocido ya que jamás llegaba a escucharlo en esos horarios clandestinos en los que durante toda su corta vida apenas si se había a dedicado a dormir. Cuando mucho creía percibirlo entremezclado en algún sueño una que otra noche y nada más. Superado el sobresalto se dio cuenta, como si todo lo que había sucedido hasta ese momento hubiera sido un accidente, que el momento había llegado. Ya está se dijo. Y hasta se sorprendió. Sí, ya estaba. Su hermano –por fin- había cruzado el umbral del primer año de vida. Puntualmente se había escabullido de esa etapa imposible de definir y que la incomodaba mucho cada vez que alguien le preguntaba: ¿cuántos años tiene tu hermanito? Y ella, precisa y contundente respondía: ninguno. Ahora su hermano empezaba a acumular algo y entraba así en la etapa productiva de la vida, esa en la que el que no suma pierde. Sin embargo no vio nada raro en las facciones del bebé dormido. No notó nada anormal y que hubiera podido suceder desde que entró al cuarto y los instantes posteriores al sirenazo. El niño envejecía muy bien, pensó. Está igual que ayer. ¿Será que ayer fue hace apenas un rato? Le desconcertó la propia pregunta pero luego razonó que estaba ahí para resolver un problema y no para crearse otro. Tenía que demostrar su teoría a como diera lugar y para eso estaba ahí, acumulando una desvelada que le iba a traer problemas serios unas horas después, cuando no hubiera Cristo (como decía su mamá) que la despertase. Por eso apuró el trámite y se acercó a la cuna del niño, que pese a ser protagonista de un inminente y trascendental evento científico, seguía durmiendo plácidamente, ajeno al mundo, a las estructuras matemáticas de toda razón que lo gobiernan y a cualquier intríngulis existencial o filosófico menor o mayor.

La niña acercó sileciosamente su rostro al de su hermano dormido y en un susurro hipnótico le formuló al oido la primer pregunta de la lista que debió memorizar, considerando que habría de ser insuficiente la luz de la luna como para leerla y que no, no era insuficiente, pero ya qué.

-¿Dos por dos? – pronunció.

Nada. El niño sostenía el metódico respirar sin darse remotamente por aludido. A su hermana le incomodó el callado desplante pero no se dio por vencida.

-¿Cuántas carabelas traía Colón?

Misma actitud, misma respuesta. Reprimió el fastidio y empezó a dudar. ¿Será que está realmente dormido o puede ser que no haya cambiado nada? ¿Será todavía temprano? No, imposible. Ya tiene un año. Ya es un ser humano completo. Nomás le faltaba edad y ya tiene una. Tercer intento:

-¿En qué sílaba se acentúan las palabras agudas?

Idéntico resultado. Agotó la lista, que incluía todas las materias y la repitió dos veces, sin éxito alguno.

¿Qué batalla hizo caer al imperio napoléonico?¿A qué temperatura hierve el agua?¿Cuál es el número PI?¿Qué es un archipiélago?¿Cuántos lados tiene un triángulo?¿Quién escribió la letra del himno nacional?

Apeló a preguntas de opción múltiple, para facilitar las cosas:

-¿Qué se comió Eva, un pastel de limón, un helado de fresa o una manzana?

La regla de tres no mejoró las cosas:

-Si una gaviota pesca tres peces en media hora ¿cuántos peces podrán pescar tres gaviotas en cuatro horas?

Hasta le dio chance de desarrollar libremente un tema:

- Platícame tu propia versión sobre la teoría de Darwin.

Agotada en el esfuerzo, hasta intentó con la pregunta más trillada y recurrente pero que su hermano a veces, cuando se le pegaba su regalada gana solía contestar:

-¿A quién quieres más, a mamá o a papá?

Pero todas invariablemente se hundieron en la plácida indiferencia del pequeño.

Al cabo de media hora, cuando ya la impotencia había transformado el interrogatorio en ruegos desesperados, el aludido interrumpió una pregunta referida a la Mona Lisa de Da Vinci estirando una exhalación a la que siguió un movimiento de cabeza y un abrir de ojos que a la postre y ante la vista sorpresiva del rostro familiar pero tan inquietantemente próximo de su hermana desencajado por la frustración y horariamente desubicado, se transformó en un alarido de esos que sólo un bebé que va estrenando su primer año de vida puede soltar, estremeciendo todo lo estremecible en un radio de cincuenta metros.

 

La penitencia por desvelarse y alterar el sueño de su hermano fue leve y se atenuó con la celebración del primer onomástico del asustado, que reunió a buena parte de la familia. Pero ni siquiera el valiente e impecable planteamiento de su teoría la salvó del castigo ni gozó de crédito y mucho menos de aceptación en sus ahora también desvelados padres, que invocaron la fácil y vieja teoría de los celos hacia el hermano menor como móvil del desagradable suceso. O a ver si alguien iba a creerle eso de que los bebes no piensan y que apenas cumplido el año les vienen todas las ideas de golpe. Sáquese a dormir ya mismo mocosa malentretenida y cuidadito con volver a molestar a su hermano. Mañana vamos a hablar muy seriamente.

Habrase visto…

 

Mariano Pedrozo

2 y 3 de Diciembre de 2004

Posted by Mariano at 17:08:09 | Permalink | Comments (1) »