Una Historia de Princesa
No esperaba encontrar nada nuevo al asomarse a la ventana. Sabía que el paisaje no variaría, que los rostros que pasaban podían cambiar tal vez, pero que la indiferencia sería la misma: la de ellos, propietarios de aquellos rostros sin nombre.
Desde el cuarto piso de aquel departamento podía ver las copas de los árboles y algunos juguetes atrapados en las ramas desde el día en que pretendieron viajar por aquella ventana hacia el jardín, como respuesta al requerimiento infantil de un juguete para usar sin tener que subir por él, pero que por azares del viento y de la mala puntería de su abuela, habían marcado su destino para siempre en aquellas ramas, perdiendo su brillo y su color, siendo olvidados al cabo de cierto tiempo….como ocurría ya con algunos de sus recuerdos de esa infancia.Hacía ya muchos años que aquella ventana le daba la primera luz de la mañana y en ocasiones le regalaba cielos estrellados nacidos hace millones de años y llegados a ella mucho tiempo después. Y así como aquella ventana seguía allí día tras día, y la misma luz, y prácticamente los mismos cielos, así el paso de los años parecían no haber modificado en gran medida la esencia de ella misma. Se seguía sintiendo la niña de papá, el indeseable huésped de su abuela, la hermana por obligación de aquella que le llevaba 3 años de edad física y casi 3 años luz de distanciamiento emocional. No podía decir si había sido feliz todo ese tiempo en aquel sitio. Finalmente el lugar no importaba tanto como la ausencia de su alma en ese espacio físico. Y a dónde pertenecía… no lo sabía, pero algo le decía que no era allí, que debía haber algo más…alguien más.¿Por qué lloraba? ¿Por qué el vacío? ¿A quién le escribía esas cartas sin destinatario disfrazadas de un “Querido Diario”? Siempre pensó que había alguien en algún sitio que era como ella, pero no tenía idea alguna de cómo llegar a él. ¿Y si era un sueño? ¿Y si fuera aquel? No. No era ninguno. No había nadie allí. Sólo esa ventana que miraba hacia los árboles captores de juguetes, y los rostros de la gente sin nombre pasando por la calle. Y tal vez el viento…y quizás un sentimiento hecho pensamiento que se atrevía a volar por el aire y viajar kilómetros y kilómetros en espera de que ese alguien pudiera interceptarlo…capturarlo. Y tal vez era un sitio bajo una misma luna, aunque lejos. Y quizás era él mirando a esa luna y escuchando aquel mensaje sin darse cuenta. Los rieles de un tren bajo sus pies. Haciendo equilibrios al andar para no caer….y ese pensamiento que como una onda de radio le llegaba, sí….pero con cierta interferencia causada por la propia ausencia de sí que lo embargaba.Soledades compartidas en la distancia. Era ella y era él. Esperando sin esperas una vida futura en donde aniquilar la soledad. Ventana de un cuarto mirando expectante hacia la noche….Rieles bajo los pies aguardando en el camino….¿Y si existiera el destino?
Norma Morlote Samperio
2/agosto/2000