Tren Fugitivo
Llegué casi puntual, cinco antes de la medianoche. La luz que anunciaba el último tren ya desgarraba la oscuridad en dos: antes de ti y después de ti. La formación todavía tardaría unos minutos en llegar, pero las luces siempre pervierten el espacio engañando la real distancia que nos separa de lo que esconden tras de sí.
Me lo explicaste una tarde cuando decías que la luz de las estrellas era la huella mentirosa de una enana muerta en un espacio tan enorme y por eso mismo tan absurdo que jamás abarcaremos. Entonces comprendí que te estaba perdiendo y que tu luz en mi memoria sería la burla de tu propio espacio inabarcable, de tu distancia infinita.
Y esta noche, de pie en la estación, esperando bajo la lluvia, especulé con un improbable ‘quizás’ para imaginarte detenida, no ya viajera eterna, no ya perdida. En el bolsillo izquierdo del gabán cerré el puño sin respeto ni cuidado sobre la carta que escribiste hace exactamente veinte años, la misma en donde precisaste la fecha del reencuentro para hoy. Y casi con desesperación me aferré a ella para no quedar suspendido en el vacío de mi temor; para no atreverme siquiera a imaginar otros veinte años sin la esperanza de una carta como esa. Y sin ti.
Encendí un cigarro y con la primer voluta de humo dibujé tu inicial. La segunda se deshizo sin decirme ni siquiera adios, igual que tú cuando decidiste hace tanto tiempo que éramos demasido jóvenes para amar hasta morir.
El piso de cemento mal emparejado del andén se cimbró de pronto y con él la noche y la lluvia. Cimbrón de frío, de miedo. De ti. Aventé a los rieles la colilla agonizante al tiempo que la última campanada cerraba todo tránsito de silencio en esta noche que se anunció hace miles en un papel. El andén se colmó de humo y de un resplandor enceguecedor que grabó sobre la noche el relieve de todas las gotas de toda la lluvia de todos los cielos y de todos los llantos, aún los que jamás me pemitiría. Ni siquiera por ti.
Pero estaba escrito en el apócrifo brillo de tu carta que te encontrabas tan lejos y esta falsa cercanía de una fecha señalada hizo más doloroso el engaño. La mano se jugó prolijamente y al cabo alguien recogió las cartas, incluso la mía, la nuestra, ésta que la noche me roba ahora del bolsillo para arrojarla sobre la colilla que aún humea resistiendo la lluvia y en donde agoniza el fuego que arde con todas las mentiras. Y que surge de la nada y nuevamente para convertir en cenizas la carta con la que me tocó perder otra vez, en este andén vacío de todo menos de mí. El mismo andén que va despidiendo con indiferencia al tren del que nadie bajó.
Procuro evitar el silencio y la oscuridad de la noche que me envuelve de pronto mientras camino de regreso a ningún lugar. Intento silbar alguna melodía fatal pero me ahoga el humo, el frío y la sombra helada de un recuerdo futuro que ya jamás inventaremos. Y vuelvo a recordar que cuando nadie parecer tener las respuestas, el amor puede acabar con todas las preguntas.
Pero ahora el amor se ha perdido como un tren fugitivo.
Mariano Pedrozo
7 al 12 de Enero de 2005
(N. del A.: gracias a Bernie Taupin por la línea ‘but love is lost like a runaway train‘ -del tema homónimo interpretado por Elton John- que me dio la idea para esta historia y a los increíbles solos de Eric Clapton en esa canción, que me contagiaron toda la ansiedad, desolación e intensidad necesarias para llevarla a cabo. Mi única y malograda intención luego de una semana de trabajo estéril fue la de convertir en palabras todo el dolor de esa guitarra desesperada. Frustrado el intento, esto fue lo que quedó…)
Lo lograste!!!! Después de tanto, lo lograste. Hasta acá se escuchan…
Hola mariano, soy amiga de Patty Ayala, de El Salvador. Ella estuvo hoy conmigo, estabamos palticando y me conto de ti. Dijo que eres una gran persona y que debia conocerte asique aqui estoy. Estaba leyendo tu portal y honestamente, me encanto… mientras dure… que cosa mas linda…
Buene, espero porder verte on line un dia de estos, dime tu si hotmail o que ondas y asi platicamos de la vida, los amores y demas "detalles" de la vida que nos hacen sentir como sentimos y pensar como pensamos.
Cuidate,
Louisa