Aclarando
El texto que publiqué hace casi cinco meses de Cesare Pavese y que antecede a éste (fue lo último que dejé en el blog hasta ahora), fue puesto por haberme traido a la mente palabras que yo mismo expresé (en silencio, a gritos, en llanto, con coraje) cuando mi esposa Norma agonizaba, hace exactamente dos años. Ni bien las leí en otro blog, y coincidiendo con una fría noche en la que el recuerdo de aquel ser mágico y divino sofocaba más que nunca (por ausente y necesaria), decidí copiarlas en este rincón que me reservo para mí y mis desvaríos. Quien quiera hacerse cargo de esas palabras para beneficio de sus intereses, puede hacerlo, no son mías. Y me desligo de sus motivos y de sus historias (que tampoco son mías). Pero no puedo dejar lugar a dudas sobre el tiempo y el motivo que me llevaron a darles un lugar en este espacio. Compadezco y respeto a las almas penitentes que deambulan en soledad por estos rincones virtuales, de verdades virtuales y vidas virtuales. Yo me salí de eso. Me aburrí. No juego más. Este lugar es refugio de mi soledad, cuando se impone y necesita tiempo y espacio para manifestarse. Eso es y seguirá siendo mientras le (y me) sirva. Pero mi vida deambula ahora por territorios que piso con mis plantas, misteriosos pero reales, entre seres que tienen ojos que consuelan y manos que curan. Seres verdaderos y de verdad. De amores que matan y que por eos nunca mueren ni morirán. Cualquier otra cosa es literatura. Y de la mala.
Gracias a los que pasan por aquí y dejan su buena vibra en algún mensaje. Pueden dejar su mail si desean comunicarse con este servidor, les responderé ni bien pueda. A los que vienen a otra cosa… que Dios los inspire o que Dios los ampare.
Por aquí nos seguimos viendo cualquiera de estos días.
-M-