Saturday, November 3, 2007

Querido diario…

Me desperté unas cinco veces durante la madrugada con una ansiedad poco usual, entre sueños estúpidos y canciones que no paraban de silbar en mi cabeza. Encima el horario de invierno al que no me termino de acomodar me sigue trepanando el sistema límbico, resultando que a esa sensación de enajenamiento espacial que en algunos amaneceres me sorprende antes que ninguna otra y que me hace pensar sobresaltado : “¿adónde estoy?” ahora se le agrega la de “¿qué hora será?”, sabiendo (y convencido) que el reloj ya no es sinónimo de confianza, si es que alguna vez lo fue. El tiempo en estos días es más relativo que nunca y hasta que no averigüe si eso es bueno o es malo esta ansiedad que me esculca ahora no hará ni siquiera el intento de dar marcha atrás.
Más de una vez pensé en llevar un diario. No, no es broma. Y aún más: soñé con ser millonario y pagarle a alguien para que vaya por detrás mío las veinticuatro horas del día escribiendo cada cosa que yo dijera para detectar algún descuido, algún cortocircuito en la matriz que arrojara de mis labios un atisbo de esa realidad subyacente que todos ignoramos pero que más de uno sospecha. Pero ese sueño guajiro se desvaneció el día que me enteré que Sir Paul McCartney ya lo había hecho la noche del día en que los Fab 4 conocieron a Bob Dylan allá por el ‘65 y se pegaron el primer atracón de mota (de la premium). Asaltado por un aluvión de lucidez lindante con lo paranormal, el autor de “Let it be” le ordenó al “roadie” de Los Beatles Mal Evans que no dejara de apuntar cada cosa que dijera durante aquella velada. Al otro día, repasando las notas tomadas por su fiel asistente, pudo rescatar una sola línea coherente de entre aquellos apuntes mariguanos, que decía. “Hay siete niveles”. Curiosamente o no, treinta años después, Deepak Chopra se haría millonario revelando exactamente lo mismo. Claro, mucho más detalladamente, pero no deja de sorprender que el buen Paul, sin querer, se haya metido sin golpear en una de las puertas secretas.
Esa temprana desilusión por el plagio que sufrí tres años antes de haber nacido me ha llevado a pensar que tal vez lo mejor sea (algún día) intentar con la hipnosis. Y po runa vez, ser profeta o gallina, dependiendo del lado del reloj en que me toque estar. Joder! empecé hablando de relojes y acabo con lo mismo. Y yo que ya me creía caído de todas las obsesiones.
Ya no se puede creer ni en mí.

Mariano

Posted by Mariano at 08:34:23 | Permalink | Comments (1) »

12345 (VI)

Uno. Potables formas de querer. No hablemos de amor.
Dos. Tus oasis de sangre, sudor y piel saben detener la inmensidad de mi desierto. Luego, la arena interminable.
Tres. Todo será como debía cuando las memorias se vayan vaciando de mí. Que no existo. Que sólo soy el mal sueño de algún poeta condenado.
Cuatro. La alternativa de lo posible define una proporción para lo inconfesable, para todo aquello que define la liturgia soberana de la cobardía.
Cinco. En la noche sobrevivo, como sé, como puedo. Abstracto, insomne, ido en la vigila de un sueño peligroso que no llega. Por Dios, que no amanezca.
Cinco bis. En el principio fue el Verbo. Y en el después, el Verbo será ella, como su verbo es “amar”. Hasta morir.

Mariano

Posted by Mariano at 07:57:23 | Permalink | Comments (1) »

Formas

Día con día el momento se encierra en las formas, en los contornos decisivos de eso que llamamos amor.
De tarde en tarde vamos enterando al tiempo que todo lo posible es incierto, que todo lo correcto miente, que ni tú ni yo, que ni aquí ni allá.
En las noches, cada noche, el perímetro de tus pupilas ilumina el oscuro desafío de una tremenda soledad que sabe que le faltas.
Y de tanto especular, las miserias se vuelven realidad.

Mariano

Posted by Mariano at 07:56:01 | Permalink | No Comments »