Diez años después…
… te sigo extrañando, Papá. Me sigues haciendo tanta falta. Necesito tu música, tus poemas que se fueron contigo y que inspiraron los míos. Viejo lindo, viejo bohemio, que me enseñaste a fumar, a beber, a escribir, a reirme y llorar como sólo los hombres deben llorar. Viejo hermoso que me diste la música que me hace posible sobrevivir sin vos. Viejo del que jamás aprendí a ser el padre que fuiste, a lo mejor porque te fuiste demasiado pronto, justo cuando más te necesitaba. Viejo mi querido viejo que te quebrabas con un tango pero que nunca te quebraste con el dolor infame que te fue pudriendo, pero sin poder tocar jamás tu alma inalterable de poeta y de loco, de vagabundo y de intelectual diplomado en nada pero mejor maestro que todos los que tuve y tendré. Viejo enorme, gigante, que me llevabas de la mano a recorrer Buenos Aires, para contarme sus historias y las tuyas, las reales y las inventadas. Y todas tan preciosas, viejo querido, que sólo quisiera regresar a esas calles para revivirlas y revivirte. Revivirte de la muerte ignorante que cree que te mató, que te separó de mí.
Gracias por tanto amor. Perdón por haber aprendido tan poco. Déjame intentarlo de nuevo, contigo a mi lado, como cuando éramos mucho más que padre e hijo y cualquier cannción nos daba la excusa para inventar un ritmo con los dedos, sobre cualquier mesa, sobre cualquier libro de los tantos que me enseñaste a leer.
Papito querido… si tan sólo supieras cuánto pero cuánto te necesito estoy seguro que volverías a nacer y me cruzarías por ahí, desde la mirada de un niño que me vería cómo sólo tú me veías, con ese amor, con esa ganas de regalarme el mundo entero, en un disco, en un libro, en un juguete barato… el mejor que podías pagar. Porque en definitiva, fuiste un niño que se disfrazó de adulto para eternizar una infancia inalterable en donde nada, nada, podía robarte la sonrisa, ni siquiera, la inminencia de la muerte.
Por eso no se vale, viejo, que te hayan robado de mi, que me hayan robado de ti. Porque ese no era el juego. Porque me haces falta. Porque nunca, como en estos diez años, he sentido tanto que no puedo. Que no es justo.
Estoy aquí Papá. Seguramente me reclamarías mil cosas y sólo de ti las aceptaría. Sólo contigo agacharía la cabeza. Sólo sobre tu regazo pediría perdón y lloraría estos diez años sin ti. Sólo así, Papá.
Contigo.
Gracias por tanto amor. Perdón por haber aprendido tan poco. Déjame intentarlo de nuevo, contigo a mi lado, como cuando éramos mucho más que padre e hijo y cualquier cannción nos daba la excusa para inventar un ritmo con los dedos, sobre cualquier mesa, sobre cualquier libro de los tantos que me enseñaste a leer.
Papito querido… si tan sólo supieras cuánto pero cuánto te necesito estoy seguro que volverías a nacer y me cruzarías por ahí, desde la mirada de un niño que me vería cómo sólo tú me veías, con ese amor, con esa ganas de regalarme el mundo entero, en un disco, en un libro, en un juguete barato… el mejor que podías pagar. Porque en definitiva, fuiste un niño que se disfrazó de adulto para eternizar una infancia inalterable en donde nada, nada, podía robarte la sonrisa, ni siquiera, la inminencia de la muerte.
Por eso no se vale, viejo, que te hayan robado de mi, que me hayan robado de ti. Porque ese no era el juego. Porque me haces falta. Porque nunca, como en estos diez años, he sentido tanto que no puedo. Que no es justo.
Estoy aquí Papá. Seguramente me reclamarías mil cosas y sólo de ti las aceptaría. Sólo contigo agacharía la cabeza. Sólo sobre tu regazo pediría perdón y lloraría estos diez años sin ti. Sólo así, Papá.
Contigo.
Te amo. Te extraño. Te necesito.
Tu Nano.

GERONIMO ALBERTO PEDROZO
1997 - 17 DE NOVIEMBRE - 2007
1997 - 17 DE NOVIEMBRE - 2007
“… y a fin de cuentas, el amor que recibiste fue igual al amor que diste…”
Posted by
at
19:54:18
Nano… ¿Nano?…Gracias a ti, Amigo querido…
Perdón por comentar sobre un tema tan íntimo, tan suyo, pero fue inevitable no leerlo sin llorar a mares, seguí las instrucciones de Cortázar. La razón, el próximo 8 de Junio harán 1,095 días sin abrazar a mi Padre, no sé por qué pensé que el dolor tal vez disminuiría, pero me he dado cuenta que a 10 años, seguirá siendo lo mismo. Gracias.
Cielomar.
Precioso homenaje que le dedicas, y es muy bonito que te sigas acordando de el, el seguro que cuida de ti, alla donde este.