Wednesday, February 27, 2008

Bob Dylan en México - Like a Mexican Stone

Qué esperar de alguien que lo ha inventado todo? Cuáles pueden ser las expectativas acumuladas durante treinta años -piedras que ruedan más o menos- de espera y que motivaron a quien suscribe a nombrar con el apellido artístico del mito, al menor de sus hijos?
La cita está prevista para dentro de unas tres horas. De hecho, esto lo escribo para hacer algo con mi callada ansiedad, en lo que me alisto para salir hacia el Auditorio Nacional de la Ciudad de México.
Voy a ver a Bob Dylan. El mismo que reinventó la música popular (no populachera) junto a Los Beatles, hace más de cuarenta años. Más aún, el que le mostró a Los Beatles lo que tenían que hacer, al punto que John Lennon le robó todo, absolutamente todo, cuando compuso e interpretó la obra maestra de “Help”, “You’ve Got To Hide Your Love Away”. El que cautivó a George Harrison, al extremo de convertirse en el único gurú occidental que el místico beatle tuvo en toda su vida, y que le regresó el favor, como buen alumno, al ficharlo como parte fundamental de los gloriosos y ya también legendarios Traveling Wilburys, allá, en el poniente de los ‘80.
Voy a ver un concierto que no me despierta expectativas. Aclaro: Dylan, en su interés perenne de desmitificar lo indesmitificable (él mismo), cambia, a veces hasta lo irreconocible, sus propias canciones. Las ha llegado a destrozar. No interactúa con la gente. No habla. Ni siquiera sus músicos saben cuál será la siguiente canción que al jefe se le ocurrirá interpretar. Hace lo que quiere. Literalmente. Seguramente sus mejores versiones, en vivo y en estudio, ya han sido tocadas y registradas y forman parte de los cien discos, oficiales y piratas, que tengo en mi iPod y en mi vida. Pero de la misma forma en que no fui hace quince años a ver a Paul McCartney como quien va a ver a un músico sino a un símbolo, a una historia, a una leyenda, a un conjunto de rastros traducidos en canciones que durante dos horas me llevaron de regreso a mi pasado, a mis lugares y seres queridos y perdidos, a mis viejos y no tan viejos ideales y utopías… así mismo veré esta noche al viejo Bob.
No sé qué voy a buscar, no sé qué voy a encontrar. Tampoco me interesa. Porque esto se asemeja más a un acto litúrgico, a una peregrinación, que a un rato de entretenimiento. Voy a saldar una deuda conmigo y con mi vida. Como los que peregrinan a Graceland para rendir tributo a Elvis en su tumba, porque saben que Elvis fue más que Elvis (altamente recomendable la canción de Paul Simon, “Graceland” para entender esto). De esa misma forma, uno -yo- va a ver a Bob Dylan. Sospechando y sabiendo que muy posiblemente será la primera y última. Y porque a alguien que ha hecho tanto por uno -yo- a lo largo de décadas, lo menos que se le puede decir es “gracias”. Y a lo mejor voy por eso. Y por eso no me importa lo que vaya a pasar arriba del escenario. Tengo toda la música de Bob Dylan. Toda. Incluyendo conciertos legendarios. A lo único que voy es a verlo, a convencerme de que el mito es humano, que cuarenta y siete años de leyenda son reales, que la persona que inspiró a millones de seres humanos cabe detrás de una guitarra como la mía. Y a decirle “hola”, “adios” y “gracias”. Nada menos, nada más. Sin más que juzgar, sin más nada que analizar ni preguntar. Porque todas las respuestas están, desde hace mucho tiempo, soplando en el viento.

(mañana, la crónica del concierto, que en todo caso, será lo menos importante del asunto).

Mariano

Posted by Mariano at 00:14:28 | Permalink | Comments (1) »