Thursday, January 6, 2005

Una Historia de Princesa

No esperaba encontrar nada nuevo al asomarse a la ventana. Sabía que el paisaje no variaría, que los rostros que pasaban podían cambiar tal vez, pero que la indiferencia sería la misma: la de ellos, propietarios de aquellos rostros sin nombre.

Desde el cuarto piso de aquel departamento podía ver las copas de los árboles y algunos juguetes atrapados en las ramas desde el día en que pretendieron viajar por aquella ventana hacia el jardín, como respuesta al requerimiento infantil de un juguete para usar sin tener que subir por él, pero que por azares del viento y de la mala puntería de su abuela, habían marcado su destino para siempre en aquellas ramas, perdiendo su brillo y su color, siendo olvidados al cabo de cierto tiempo….como ocurría ya con algunos de sus recuerdos de esa infancia.Hacía ya muchos años que aquella ventana le daba la primera luz de la mañana y en ocasiones le regalaba cielos estrellados nacidos hace millones de años y llegados a ella mucho tiempo después. Y así como aquella ventana seguía allí día tras día, y la misma luz, y prácticamente los mismos cielos, así el paso de los años parecían no haber modificado en gran medida la esencia de ella misma. Se seguía sintiendo la niña de papá, el indeseable huésped de su abuela, la hermana por obligación de aquella que le llevaba 3 años de edad física y casi 3 años luz de distanciamiento emocional. No podía decir si había sido feliz todo ese tiempo en aquel sitio. Finalmente el lugar no importaba tanto como la ausencia de su alma en ese espacio físico. Y a dónde pertenecía… no lo sabía, pero algo le decía que no era allí, que debía haber algo más…alguien más.¿Por qué lloraba? ¿Por qué el vacío? ¿A quién le escribía esas cartas sin destinatario disfrazadas de un “Querido Diario”? Siempre pensó que había alguien en algún sitio que era como ella, pero no tenía idea alguna de cómo llegar a él. ¿Y si era un sueño? ¿Y si fuera aquel? No. No era ninguno. No había nadie allí. Sólo esa ventana que miraba hacia los árboles captores de juguetes, y los rostros de la gente sin nombre pasando por la calle. Y tal vez el viento…y quizás un sentimiento hecho pensamiento que se atrevía a volar por el aire y viajar kilómetros y kilómetros en espera de que ese alguien pudiera interceptarlo…capturarlo. Y tal vez era un sitio bajo una misma luna, aunque lejos. Y quizás era él mirando a esa luna y escuchando aquel mensaje sin darse cuenta. Los rieles de un tren bajo sus pies. Haciendo equilibrios al andar para no caer….y ese pensamiento que como una onda de radio le llegaba, sí….pero con cierta interferencia causada por la propia ausencia de sí que lo embargaba.Soledades compartidas en la distancia. Era ella y era él. Esperando sin esperas una vida futura en donde aniquilar la soledad. Ventana de un cuarto mirando expectante hacia la noche….Rieles bajo los pies aguardando en el camino….¿Y si existiera el destino?

Norma Morlote Samperio 
2/agosto/2000

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Monday, December 20, 2004

… and she’s gone

“… look for the girl with the sun in her eyes, and she’s gone…”

(Lucy In The Sky With Diamonds… tu canción favorita)

by Lennon & McCartney

 

+ NORMA MORLOTE SAMPERIO

2003 - 20 de Diciembre - 2004

 

Trescientos sesenta y cinco días de mañanas sin mañana; trescientas sesenta y cinco noches de sueño sin sueños.

Te extraño… te necesito…

TE AMO

MARIANO

 

Posted by Mariano at 04:25:05 | Permalink | Comments (2)

Friday, October 8, 2004

Feliz Cumpleaños, Amor…

Y sé que será feliz, porque donde estás no existe otra cosa más que la paz, la serenidad y todo aquello que tu alma siempre promovió y vivió: alegría, dicha, sabiduría y por sobre todo, amor…

Es difícil, casi imposible sobrellevar un cumpleaños sin ti, pero otra vez, y de una manera formidable e increible, te las ingeniaste para que ayer mi primer cumple sin ti fuera un día de alegría. Me despertó el teléfono y la noticia maravillosa de que mi hijo Walter, a quien también amabas y que te ama, había salido del hospital en donde llevaba una semana internado en muy grave estado. Para sorpresa de los médicos que aún no comprenden cómo fue posible que reaccionara de manera tan rápida ante su enfermedad y se repusiera de esa forma. Y ellos podrán estar sorprendidos, pero yo no. Porque te pedí por él en medio de mi angustia, como te pedí tantas otras cosas en estos meses, que de igual y hermosa manera me concediste sin la menor dilación. Fue el regalo más incréible de todos los que me hiciste, junto con Dylan, claro. Y me llenaste de luz y de paz el corazón justo cuando más creía yo que ya no estabas.
Y hoy es tu día, tu cumpleaños número 38. Y claro, no habrá un solo pastel de una sola vela, para apagar juntos. Nunca más. Pero tampoco puede haber tristeza, porque es un día que recuerda y que celebra otro: aquel en que naciste, aquel que hizo posible que años después mi vida cambiara para siempre, y que la vida de otra gente cambiara para siempre. Y en todos los casos, para bien. Y porque de ti surgieron tres flores que llevan tus ojos, tu sonrisa y tu esencia, para multiplicar tu legado. Y tu presencia.

Mariana, Andrea, Dylan y yo te abrazamos en el espacio infinito que ahora ocupas, con nuestros cuatro corazones y desde nuestras cuatro almas que son una sola junto con la tuya, hasta el día del reencuentro.

Yo te amo cada vez más, te extraño cada vez más y te llevo en cada segundo, en cada célula, en cada idea y en cada emoción. Es imposible vivir sin ti, y en mí vives. Como te dije mil veces… de ti y de tu amor no hay retorno ni lo habrá jamás.

FELIZ CUMPLEAÑOS, BONITA, PRINCIPESSA…….. FELIZ CUMPLEAÑOS.

TE AMO,

Tu ángel.

Posted by Mariano at 21:38:17 | Permalink | Comments (3)

Tributo a Norma III

Palabras del M.C. Eduardo Lazarín Meyer, Director de la División Preparatoria ITESM Campus Santa Fe.

Buenas Tardes.
Aún tengo claro el recuerdo del verano pasado, cuando Rodrigo Celiseo Santamaría acudió al Campus Estado de México a impartir un curso de Métodos de Investigación Científica, intercambio de docentes que se lleva a cabo dentros de los capus que comprenden la Rectoría de la Zona Norte de la Ciudad de México y que surge de la iniciativa de nuestro rector, el Ing. Emilio Alvarado Badillo.

Tengo claras las imagines de la inolvidable Norma planteándome la problemática de no contar con un texto adecuado que ayudara a los alumnos a ejercitarse en los diferentes temas de la Metodología Científica. Entonces fue cuando se nos ocurrió aprovechar la presencia de Rodrigo e invitarlo a participar en el proyecto. El profesor Santamaría aceptó de inmediato y le agradó al idea de comenzar el texto en el verano y terminarlo aprovechando la tecnología. Ahí es donde entró la editorial McGraw-Hill,siempre entusiasta en participar en proyectos como el que propusimos.
Rodrigo Celiseo Santamaría es egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México de la carrera de Biología y tiene la maestría en Neurociencias con especialización en electrofisiología del sistema nervioso por parte de la misma institución. Tiene siete años laborando en el Sistema Tecnológico y actualmente es profesor de planta de la Preparatoria en el campus Chiapas.
A continuación, me permitiré hablarles de una persona que ya no se encuentra con nosotros, pero a la que todos recordamos con gran admiración y cariño.
La profesora Norma Morlote Samperio egresó de la Universisad Nacional Autónoma de México, de la carrera de Médico Veterinario Zootecnista, título que obtuvo con Mención Honorífica.
Cuando conocí a Norma, era profesora de cátedra de la División Preparatoria, del Campus Estado de México e impartía la asignatura de Biología en idioma inglés para el programa Bicultural. Siempre se destacó por ser una profesora cumplida con altos estándares de calidad en su trabajo, por ello, cuando me comentó que estaba atravesando por ciertos cambios en su vida personal y que su intención era convertirse en profesora de planta, no dudé un momento en hacer la propuesta a mis superiores.
Asi fue como Norma se incorporó a la plantilla docente del departamento de Ciencias e inmediatamente aceptó los proyectos que le propusimos: comenzó por realizar el curso rediseñado de la materia de Biología en inglés, mismo que fue aprobado a nivel sistema en su primera presentación. Continúo con la elaboración de la parte académica del Laboatorio Digital Interactivo de Biología, que actualmente goza de un gran reconocimiento por su aporte didáctico.
Recuerdo el día que presentamos este y otros materiales al Dr. Rafael Rangel, rector del Sistema Tecnológico, Norma lo invitó a “jugar” con el interactivo y él quedó gratamente complacido.
Más que una relación de compañero, yo sentía una sincera amistad por Norma y una gran admiración, ya que era una persona muy administrada en su tiempo y nunca rehuía un proyecto cuando se le proponía. Siempre lo tomaba con entusiasmo y lo llevaba a buen término y con excelentes resultados.
Cuando comenzó su enfermedad se encontraba en la elaboración de la última parte del libro que hoy se presenta.
Norma era una profesional en todo lo que hacía y eso facilitaba mucho el trabajo con ella. El propio Rodrigo puede constatar esto.
Así fue como me enteré por ella misma que su salud se estaba deteriorando, pero debo confesar que nunca se abatió, siempre actuó con gran optimismo y aún recuerdo cuando me decía que no me preocupara, que pronto iba a estar bien. Desafortunadamente, Dios dispuso algo distinto.
Norma, estoy seguro que donde estés, hoy es un día de júbilo también para ti, ya que has conseguido un logro profesional más y tu paso por esta vida se llena de un acto más de trascendencia, para ti, para tus hijos, para Mariano y para todos los que te quisimos.
¡Que Dios te bendiga!
Muchas gracias

Posted by Mariano at 21:29:32 | Permalink | Comments (1) »

Tributo a Norma II

Palabras del Ingeniero Emilio AlvaradoBadillo, Rector de la Zona Norte del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

Buenas tardes.
Los seres humanos tenemos en nuestras vidas la extraordinaria oportunidad de conocer a muchas y muy diversas personas. Algunas nos marcan,

pero además nos dan un regalo significativo con el simple hecho de existir. Esta tarde quiero declarar ante esta concurrencia tan íntima y cercana que me siento afortunado por haber conocido a la maestra Norma Morlote Samperio.
Ella no fue, es todavía una luz que inspira y emociona. Y lo seguirá siendo a través del libro que hoy nos congrega. Aunque también gracias a muchas otras obras y ejemplos que nos legó a muchos de nosotros. Por ello esta tarde, al venir a la presentación de su libro “Metodología de la Investigación”, imagino que la vida de Norma fue una auténtica metodología de amor por su existencia, y la de sus hijos y demás familiares.
Debo ofrecer una disculpa y todo mi respeto al co-autor del libro, Biólogo Rodrigo Celiseo Santamaría, catedrático del Campus Chiapas del Tec de Monterrey, pero el recuerdo de Norma y esta oportunidad de “decirle” algo a ella se imponen al sustantivo valor del texto que nos reune esta tarde.
¿No hay problema, Rodrigo?
Desde la incorporación de Norma al claustro profesoral del Campus Estado de México en 1996 como profesora de cátedra, siempre se caracterizó por predicar con el ejemplo su amor a la vida; por sus resultados profesionales, por su compromiso y entrega, y por imprimirle un gran esntusiasmo a todo cuanto emprendía…
Nunca se conformó con nada, ni aún con lo inevitable.
Ese es el legado que ella nos dejó en su breve tránsito.
Por eso es un honor estar hoy aquí en la presentación de una obra que trasciende la presencia física de su autora, a quien sus compañeros profesores recuerdan además como ejemplo de paciencia, de cariño para desempeñar su tarea, aunque también como ejemplo de fortaleza y sencillez.
Hoy, Norma de forma póstuma, Rodrigo y McGraw-Hill nos entregan en esta obra de “Metodología de la Investigación” un testimonio más del trabajo académico que los autores desarrollaron buscando, con su escritura, incentivar el conocimiento de las personas que formamos, pues como ha escrito Luisa Valenzuela, otra escritora muy cercana a nosotros: “La escritura es el camino de ida hacia la oquedad del desconocimiento”.
El camino de regreso está hecho de reflexión, de análisis…
Y déjenme confesar que en ese camino nos encontramos muchos de los que estamos aquí esta tarde, pero muchos que no lo están.
Perdura en nuestra memoria la magistral presentación que hizo la maestra Morlote del “Laboratorio Digital Interactivo de Biología” ante el Dr. Rafael Rangel Sostmann, quien sólo tuvo elogios para su labor.
Este laboratorio es otro producto innovador de la enseñanza del cual Norma fue autora de contenidos, y en cuyo proyecto se involucró desde sus inicios y desarrolló en un tiempo record.
Lo mismo hizo con el rediseño de dos materias en inglés.
En suma, la trascendencia de sus aportaciones aunada a un trabajo docente pleno de coherencia, compromiso y respeto, y al amor a su familia, fuente de inspiración de su intenso quehacer, ponen en relieve la aspiración compartida que animó su existencia: construir un país más digno y más justo.
Y nos confirma también la fortuna que tuvimos al conocer a un ser humano excepcional que contempló a los árboles desde una altura diferente a la que siempre deambulamos bajo sus sombras.
Sólo me resta añadir que me da mucho gusto que este libro se haya gestado en el Campus Estado de México, pues es síntoma que avanzamos hacia la construcción de nuestros propios conocimientos y de aportaciones diversas a nuestra cultura y a la realidad de nuestros alumnos.
Hago votos porque la vinculación con McGraw-Hill continúe, de tal manera que podamos concretar más proyectos.
Felicidades y deseo, sinceramente, que sigamos por este camino.
Acepten por favor mi más sincera disculpa por haber hablado sólo de soslayo del espléndido libro “Metodología de la Investigación”.

Muchas gracias

Mariano… con mi profundo respeto, tu amigo,

Emilio

(Ella… contenía multitudes)

28 de abril de 2004

Posted by Mariano at 21:26:40 | Permalink | No Comments »

Tributo a Norma I

Buenas tardes:
Antes de dedicar estas palabras a la memoria de quien en vida fuera mi esposa, la profesora Norma Morlote Samperio, quiero transmitir los necesarios reconocimientos que ella no omitiría expresar esta tarde si estuviera ocupando este lugar y que por diversas razones, hago propios. En primer término deseo agradecer

profundamente a la gente de McGraw-Hill, que ha estado en todo momento cerca de mí y de mi familia con motivo de la publicación de esta obra y en estos últimos días, con motivo de este evento. Lo hago enfocándome en la persona de la Sra. Estela Delfín y del Sr. Jorge Aguirre a quienes les expreso públicamente mi reconocimiento por su esmero y por la cordialidad con que me han tratado en todo momento. Hago extensiva esta mención hacia la figura del Sr. Clemente Merodio, Director General de McGraw-Hill Interamericana Editores, por las sensibles palabras que me expresara en fecha inmediatamente posterior al fallecimiento de mi esposa. Norma manifestaba un genuino orgullo por ser parte de un proyecto editorial de McGraw-Hill y se sintió enormemente apoyada durante todo el desarrollo del mismo. Idéntica sensación de apoyo y tranquilidad fue y es la que sostengo desde la primera oportunidad en que se pusieron en contacto conmigo.
Obviamente, mi segundo pero no menos importante reconocimiento, va hacia el TEC de Monterrey, campus estado de México, y lo personalizo primeramente en la figura de su rector, Ing. Emilio Alvarado, no sólo referente máximo del campus, sino también alma mentora e inspiradora de un proceso de reconversión educativa que inspira a México en su conjunto y del que mi esposa también se sentía pieza orgullosa y que está dejando una profunda huella en la manera de pensar y sentir la maravillosa experiencia de enseñar, de educar, de trasformar a seres humanos, naturalmente valiosos, en seres humanos extraordinarios. Al profesor Eduardo Lazarín, cuyo status como superior inmediato de mi esposa no le impidió ser también amigo, para alentarla, para guiarla, para apoyarla en los momentos difíciles, para hacerle sentir que su trabajo era mucho más que eso, sosteniendo su liderazgo desde la base del respeto pero también desde el afecto. También mi reconocimiento para con dos amigos de mi esposa, que afortunadamente también fueron sus compañeros de trabajo, la profesora Blanca Sánchez y el Dr. Arcadio de la Cruz. La preciosa herencia que Norma me legó los incluye, como apoyo, como gente inmensamente valiosa de la que he venido recibiendo cariño, solidaridad y aliento permanente. Mi gratitud y lealtad hacia ellos no conoce de límites. Y dejé especialmente para el final de esta mínima e indispensable lista, por la relevencia y protagonismo que cobra dentro el marco de este proyecto, al Biólogo y Profesor Rodrigo Celiseo Santamaría. La admiración y reconocimiento que Norma le profesaba eran inmensos como su gratitud y la mía por haber llevado esta obra a buen puerto cuando ella ya no pudo completar la etapa final de correcciones. Durante el desarrollo académico del trabajo, te aseguro Rodrigo, Norma fue tu mejor alumna, amén de una leal colaboradora, en reciprocidad a lo que también sentía de tu parte. También hacia ti mi personal gratitud por las palabras sentidas y generosas que me obsequiaste oportunamente y que te convierten en acreedor de mi respeto, consideración y aprecio. A todos ellos, pues, muchas gracias.
Tratar de resumir en unos pocos minutos y con unas cuantas palabras quién fue Norma puede ser considerada una tarea tan inútil como frustrante. Estuve días enteros dándole vueltas al reto y al cabo opté por una rendición decorosa. Pero improvisar tampoco se me hacía justo y al cabo de la capitulación llegué a la conclusión que esta tarea no obedecía ni se trataba de una cuestión de tiempos ni de espacios. Se trataba de capturar, como en una fotografía imposible, improbable, la esencia de quien fue mi esposa. Y luego entendí que mi distancia profesional hacia su trabajo no era ni sería obstáculo, porque la esencia de su amor hacia mí, hacia sus hijos, hacia su entorno afectivo, era también la esencia de su vocación. Y desde esa plataforma comprendí también, cabal y maravillosamente que Norma, tal como decía Whitman, contenía multitudes. Era Norma combinando la poesía que ejercía desde una infinita dulzura, con la ciencia que le maravillaba y que la convertía en una maestra estupenda por el simple e inevitable suceso cotidiano de querer aprender, con fervor, con ansias, con infinita curiosidad. Era la Norma que perdía la mirada en la infinitud del espacio y las estrellas observando la luna en las noches de verano desde nuestra ventana pensando en canciones, pero también en un futuro en el que la raza humana podría devolverle esa mirada desde aquella superficie blanca ya para entonces habitada. O la Norma que podía emocionarse viendo parir a su gata, o descubriendo que los colores son más colores bajo la superficie del mar caribe, abrazada por un cardumen imposible de describir. O la Norma que de niña y enseñándole a hablar a su perico se maravillaba al darse cuenta que ella aprendía más que su propia mascota desde aquel asombro inaudito de enseñar.
Traducir o interpretar a la Norma educadora no puede ser difícil, pues, si uno observa que ella transmitía no tanto sus conocimientos como su curiosidad por conocer y eso era algo más inherente a su calidad humana que a su mérito profesional. Digamos que nunca tuvo que estudiar para desarrollar su hambre de conocimientos y que aprender era para ella tan natural y maravilloso como respirar, como vivir.
Y desde esta base de humanidad y de intuición, reforzada por los conocimientos académicos que acumuló y que también desarrolló, entendió cabalmente que su rol de educadora no podía ser el de una mera canalizadora de información. Sabía como pocos que en estos tiempos de vértigo en la generación de conocimiento era imposible abarcarlo todo, sobre todo en el área que manejaba, que era precisamente la científica. Hace mil años el conocimiento de la humanidad se duplicaba en quinientos. Hace quinientos, en doscientos. Hace cien, en cincuenta. En la actualidad, el conocimiento de la humanidad se duplica cada cuatro años, dentro de una década se duplicará una vez al mes. Esta situación la preocupaba especialmente por la imposibilidad de abarcarlo todo y sostenía, casi a nivel de prédica, la necesidad de formar mentes curiosas y apasionadas que se deslumbraran, al igual que ella, con la posibilidad de ser testigos del descubrimiento de nuevas maravillas, de la invención de otras y de provocar las propias.
Por eso adhirió fervientemente a los proyectos de rediseño del TEC, porque estos se orientaban (y se orientan) inequívocamente hacia esa dirección. Porque estimulaban y estimulan nuevas formas de aprendizaje basadas en las infinitas posibilidades de cada individuo para construir su propio modelo del mundo y desde ahí mejorar el que habita. Por eso entendió y aplaudió la iniciativa de ejercer una tarea docente enfocada en la persona más que en el alumno, por la conciencia vital y lógica que manifiesta que sólo de un ser plenamente realizado en su esencia podrá surgir un profesionista comprometido con su país, con su mundo, con su tiempo y con sus congéneres.
Una de sus frases favoritas, que repetía y repartía entre sus colegas y amigos, era una cita de Antoine de Saint Exupery. Frase en donde según ella, la palabra “amarte” se podría reemplazar por “educarte” sin ningún remordimiento ya que incluso, bien podrían ser sinónimos y el significado no solamente se sostendría sino que también se potenciaría. Dice el piloto francés, autor de “El Principito”:

“Tal vez amarte no sea otra cosa que el proceso a través del cual yo te guíe delicadamente de regreso hacia ti mismo”

Y no es entonces casualidad que descubramos que el origen y significado etimológico de la palabra griega “educare”… sea precisamente “guiar”.
Es a través de estos indicios, mínimos pero concluyentes, que vamos entendiendo por qué de todos los libros probables que Norma pudiera haber escrito, el que hoy nos convoca era a todas luces, inevitable y principal. Porque era su necesidad convertir al medio en un fin, lo que es decir a la investigación en lo investigado. Como describir el fascinante viaje de retorno a la curiosidad original que siendo niños nos pone de pie frente al mundo. Tengo un bebé de catorce meses, mágica y oportuna herencia de Norma para mi consuelo y redefinición de futuro, y es fascinante observar cómo su curiosidad lo lleva día a día a romper sus propios límites, a creer en sí mismo, a mejorar sus aptitudes, a buscar, sin saber qué, pero buscar, con o sin ayuda. Y no es un bebé distinto a cualquier otro. Lo que demuestra que esa actitud, al igual que el código genético, identifica al común de los seres humanos de este planeta. En algún misterioso y fatídico momento, sin embargo, la mayoría de nosotros perdemos ese fervor inicial e intuitivo, esa alegría por descubrir, y nos relajamos en la comodidad de los descubrimientos ajenos.
Esa apatía y su consiguiente falta de iniciativa, muchas veces existenciales, eran los molinos de viento que Norma se propuso derribar a través de proyectos como el que hoy estamos conociendo. Quedará en el terreno de lo potencial lo que hubiese hecho a partir de esta ópera prima, ahora lamentablemente única.
Y al igual que los personajes en busca de un autor de Pirandello, que proclamaban: “Señor, la obra está en nosotros”, ella buscaba la esencia de la sabiduría esencial y de la búsqueda del conocimiento en los propios personajes. Y la encontraba, exactamente en el centro del ser humano, de la persona. Porque, claro, es cierto, la obra está en nosotros.
De ahí, que asociado a esta búsqueda, tuviera tan en claro lo que representaba la moral y el sentido ético de la educación. En su agenda tenía copiada una cita, que cierta directora de escuela le hiciera llegar al psicopedagogo norteamericano Haim Ginnot y que dice textualmente:

“Soy sobreviviente de un campo de concentración. Mis ojos vieron cosas que ninguna persona debería presenciar. Cámaras de gas construidas por ingenieros de verdad. Niños envenenados por médicos. Infantes muertos por enfermeras diplomadas. Mujeres y bebés asesinados por egresados secundarios y universitarios. Por eso desconfío mucho de cierto tipo de educación. Mi pedido es: ayude a sus alumnos a ser humanos. Sus esfuerzos nunca deben producir monstruos eruditos o psicópatas educados. La lectura, la escritura, la ortografía, la historia y la aritmética sólo son importantes si sirven para que nuestros alumnos puedan ser humanos”.

Y más, mucho más que enseñar, Norma facilitaba el aprendizaje, colocaba cosas delante de sus alumnos, para mostrarles cuán emocionantes y maravillosas eran, incitando a probarlas y a descubrir otras desde el maravilloso e infinito potencial individual de cada ser. Y ante los logros y el reconocimiento, con la misma humildad y falta de apego a los aplausos que tanto la hubiesen incomodado esta tarde, bien podía responder como Miguel Angel cuando le preguntaron qué prodigio le había permitido esculpir su célebre escultura “La Noche” y respondió:

“Tenía un bloque de mármol que ocultaba la figura que usted ve ahí. El único esfuerzo necesario fue quitar las pequeñas piezas que la envolvían e impedían que fuese vista.”

A partir de esto puedo ir concluyendo.
Norma fue un ser humano excepcional. Una persona que puede definirse y comprenderse desde una sola palabra: “pasión”. La pasión que ella contagiaba aún desde su tono sobrio pero cautivador, desde su mirada dulce e infinita que veía más allá de lo presente y del presente, invitándote a viajar con ella para regresar con las maletas llenas de vida, de optimismo, de un conocimiento nuevo que nunca era la meta sino una etapa más en el camino… ese mismo que nos llevará de regreso hacia nosotros mismos.
Cuando el proyecto de este libro se concretó y Norma finalizó los primeros borradores, ya enferma y con nuestro bebé Dylan cumpliendo sus primeros cuatro meses de vida, me escapé temprano un sábado y regresé con un pequeño pino. Hice un hoyo en el jardín de nuestra casa y la llamé ansioso. Salió con Dylan en brazos y luego de la primera sorpresa, entendió. Dejó al bebé entre las flores de aquel último verano que se iba para siempre y plantó ese pequeño pino, también para siempre. Y a su lado nos abrazamos, cubiertos de tierra.
Tener un hijo, plantar un árbol, escribir un libro…
Y pienso y siento: qué manera tan maravillosa de despedirse, de decir “misión cumplida”; qué adiós tan digno de alguien que realmente supo vivir hasta morir, si es que creemos en esa mentira llamada muerte.
Nos queda el recuerdo, el amor que no se irá, sus poemas, su libro, y si como dijo hace casi dos mil años un maestro en un monte rodeado de olivos: “… por sus frutos los conoceréis…” ahí quedan los suyos, unos cuantos cientos de jóvenes, varios de los cuales aún hoy me siguen escribiendo, sin entender… sin poder creer. Y claro, sus tres mejores frutos, aquellos que multiplicarán su talento, su amor, su mirada, su palabra, su memoria viva… su esencia: sus hijos Mariana, Andrea y Dylan Alexandro.
Gracias nuevamente a todos, por el tiempo, por el espacio, por su atención y por esta oportunidad que me han regalado esta tarde. Gracias a la familia y amigos de Norma que me han acompañado hoy y que han permitido mi atrevimiento de ocupar este lugar que les corresponde. Gracias especialmente al profesor Carlos González, primer esposo de Norma y padre de sus niñas, a quien le debo mucho más que una valiosa amistad forjada en el amor común hacia una mujer fuera de lo común y en nuestros hijos. A mi familia en Argentina que desde la distancia me apoya y acompaña: mi madre, mis hijos Walter Daniel y Mariano Paul, a la madre de ambos Estela Maris, a mi hermano Sergio, a la memoria de mi padre y a toda la gente que ha conocido y ha amado a Norma y que en este momento está derramando su luz sobre mí. Gracias a este México lindo, querido y generoso que me abrió las puertas hace cuatro años, de la mano de Norma.
Y a ti mi amor, mi cielo, Moma o simplemente “miss”, desde este espacio y hasta el tuyo, ese que ambos conocemos y donde me esperas, nos esperas, te digo: te amo, te extraño, te necesito… el mundo es un lugar mejor por el simple hecho de haberte conocido.
Dios te bendice…
Dios los bendiga…
Muchas gracias, buenas tardes.

Mariano Pedrozo
Cuautitlán Izcalli, 28 de abril de 2004

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Norma

Hoy Norma cumple 38 años. Ya no de vida, sino de haber nacido. Pero para mí y para los que la conocimos y amamos, no hay ninguna diferencia, salvo la de no tenerla ahora para abrazarla y sentir físicamente ese calor inmenso que su alma irradiaba y que aún irradia, aún de otras formas más sutiles, pero con igual fuerza, con el mismo amor.

Es por eso que quise esperar a hoy para publicar algo que tiene ya varios meses, casi seis y que se originó con motivo de la presentación del libro que Norma escribió y que no llegó a ver publicado. La obra lleva por título “Metodología de la Investigación” y es fruto de la experiencia que Norma acumuló como docente a lo largo de casi una década de trabajo.
El libro fue publicado por una de la editoriales más prestigiosas del mundo, McGraw-Hill International y es hoy por hoy libro de texto de referencia importantísima en las escuelas preparatorias de México, auspiciado por la entidad educativa más importante del país, el Instituto de Estudios Superiores y Tecnológicos de Monterrey, lugar donde Norma ejercía su profesión (o una de ellas) como profesora de ciencias.
Con motivo de la edición de la obra, McGraw-Hill y el Tec decidieron llevar a cabo una presentación, que al cabo terminó convirtiéndose en un sentido homenaje a la memoria de Norma, fallecida cuatro meses antes.
Tuve el honor de ser invitado a participar como orador, en representación de Norma, junto con representantes de primera línea del TEC (rector, jefe de departamento, co-autor y profesores especializados en el tema) y directivos de la editorial (el director general de McGraw-Hill para Latinoamérica).
Cuando el libro entró en la etapa final de edición, ya habiendo fallecido Norma, la casa editorial me concedió amablemente la posibilidad incluir al comienzo del libro una dedicatoria póstuma que escribí en el mes de enero:

“En memoria de la Profesora Norma Morlote Samperio
(Octubre 1966-Diciembre 2003)
fallecida antes de ver editada ésta, su obra, y en la cual trabajó durante los últimos meses de su existencia física con la misma pasión con la que siempre vivió.
Su amor por el trabajo y por sus semejantes no será jamás olvidado por quienes la hemos admirado y amado.
Pueda este libro, muestra de su dedicación, reflejar su enorme talento y capacidad profesional. De su calidad humana podremos dar testimonio sobrado quienes la hemos acompañado en los momentos más importantes de su vida, que afortunadamente, han sido también los nuestros.
Amada Norma, vivirá tu amor en el nuestro, por el resto de los tiempos.
Tu esposo Mariano,
tus hijos Dylan, Andrea y Mariana,
tu familia y amigos.”

Enorme y conmovedora fue mi sorpresa, cuando al tener la primer copia terminada del libro ya editado, encontré que Norma me lo había dedicado:

“ A Mariano, por su amor a prueba de todo.”

En la presentación estuvo presente su familia y por supuesto, Dylan, que se convirtió en la joya de la corona esa tarde, siendo abrazado, mimado, fotografiado y querido sin condicionamientos por todo mundo.
El evento se llevó a cabo el pasado 28 de abril en un maravilloso lugar al sur de la ciudad de México, en Santa Fe. Asistieron unas cien personas y fue cubierto a nivel prensa por los dos diarios más importantes de México, “El Universal” y “Reforma”.
Quiero compartir con ustedes las palabras que en aquella tarde dediqué para presentar no un libro, sino a Norma misma, la que conocí, la que amé, la que dedicó sus últimos años a darme amor y a recibirlo, sin medidas, sin condiciones.
También les comparto las palabras que le dedicaron las máximas autoridades del TEC presentes aquella tarde, puntualmente el rector de la zona norte y el jefe de la división preparatoria, ambos testigos y admiradores sinceros del trabajo de Norma, como se refleja en sus palabras. Ambos tuvieron la amabilidad de obsequiarme el texto original que leyeron esa tarde y que son los que he transcripto para compartir con ustedes ahora.
Y espero que desde esos párrafos la presencia de Norma vuelva a surgir en los corazones de todos aquellos que la amamos y recordamos, para seguir inspirándonos y emocionándonos con su talento, su generosidad y su amor.
Los textos están publicados bajo los títulos “Tributo a Norma 1, 2 y 3″ respectivamente.
Muchas gracias por permitirme compartir esto…
Un abrazo desde el corazón. Dios los bendice.

Mariano

Posted by Mariano at 21:17:48 | Permalink | No Comments »