Ficciones (I)
Me gustaba sin embargo ese mal libro, porque el autor (un académico español apellidado Blasco de Iturbieta que se hizo fugazmente famoso a raíz de su poético suicidio, el que simplemente maquilló con una enfermedad incurable que lo iba a llevar más temprano que tarde a la misma fosa pero sin tanto glamour) se había tomado el preciado y reconocido trabajo de recorrer toda Austria, Checoslovaquia y Alemania del este (en plena Guerra Fría) buscando todas las pistas existentes de Herzog, incluyendo su minúscula poética, que ejercía con más entusiasmo que habilidad, pero que no dejaba de revelar esquinas inquietantes y que aún de manera velada, pueden insinuar las razones que lo llevaron al ostracismo personal que acabó con su vida. Dato curioso, el mismísimo Einstein reconoció en un par de oportunidades el trabajo del austríaco, aún cuando durante todo el siglo XIX su trabajo fue prolijamente ignorado por todas las instituciones académicas de Europa. Sus intentos poéticos, crípticos y apartados de cualquier clasificación estilística, jamás trascendieron más allá de alguna publicación en cierto periódico vienés. Blasco de Iturbieta logró descifrar ciertos vínculos entre Herzog y el editor del mismo, pero no arriesga a confirmar lo que sospecha, en el sentido que el científico tenía intereses económicos en la casa editorial. Otra línea de su obsesiva investigación le indicaba que el editor era su yerno. Y una tercera echaba por tierra las dos anteriores, argumentando que el físico había vivido la mayor parte de su vida en total fracaso financiero y que su único hijo había sido un varón, militar por vocación del ejército prusiano bajo las órdenes del Kaiser Guillermo I, llegando a ostentar cierto rango y que murió en combate, promediando la Primera Guerra Mundial. De entre los pocos poemas que Iturbieta logró recuperar, destaca el interés por uno en especial. Lleva por título “Enero7”, siguiendo la particular lógica del autor, que, en algún preámbulo a sus disparates, explicaba –cito textual a Iturbieta, que a su vez traduce literalmente del alemán a Herzog- “(…) por cuanto no habré de explicar sobre el hecho de proponer como título para mis obras más que la referencia calendaria del día de su redacción, que mi obra literaria, si el Supremo Arquitecto me mantiene sano y lúcido por cuanto tiempo me demande la tarea, finalizará con el poema número trescientos sesenta y cinco, y en día y mes en que todavía no habrá pieza alguna identificada con esa fecha. No importa si la tarea insume décadas. Finalmente, con él último soneto, rima, verso o lo que la inspiración determine bajo la órbita de su gobierno, cobrará forma el cuerpo total de mi modesta obra. Y leída, ahora sí, en riguroso orden de fecha, adquirirá un sentido único, revelador incluso para mí, que no habré sido más que un intermediario del poder real, para hacer pública una condena, una profecía, o si acaso, una liturgia definitiva que operará en conjunto con fuerzas infinitas y sagradas. Y más allá de todo asombro, injuria o mandato, el destino será irrevocable para todos (…)”
Herzog no publico más de una veintena de sus poemas –como él llamaba a sus desvaríos-, e Iturbieta se suicidó antes de recopilarlos a todos, pero asegura el español – en este caso, sin citar a sus fuentes - que el físico, antes de desaparecer sin dejar rastros, en las vísperas de su cuadragésimo cumpleaños, completó el quimérico número de poemas pretendidos. Y que su desaparición estaba, de alguna forma, ligada a la conclusión de su obra. También afirma Iturbieta, que fue la inspiración poética la que abrió la mente y visión científica del austríaco, permitiéndole formular teorías físicas muy adelantadas a su tiempo. Y que esas mismas visiones, promovieron una patológica neurosis que desembocó al poco tiempo, en abierta locura. Iturbieta insiste en que descifrar las claves de la desaparición de Herzog, puede conducir al hallazgo del resto de su obra, incluyendo manuscritos que contenían ciertas conclusiones relacionadas a una investigación sobre partículas, que llevaba años reformulando y de la que jamás se volvió a tener conocimiento al desaparecer junto con él, sus cuadernos de trabajo.
Copio ahora, agradeciendo la paciencia del lector, el “poema” de Herzog preferido de Iturbieta.
Enero 7
Colmados de ideas estamos
De verdades absolutas o deshechos inmortales
Cubiertos por el lodo de la fe más mentirosa
Vamos
Inventando traiciones que conspiran
Contra Dios
Jamás sabremos que el minuto en que se divide la materia
Es más ínfimo que nosotros
Más preciso que el castigo divino
Irremediable que ajusticia
Al que se atreve a dudar de la razon
Si me rebelo Oh Dios inexistente
Es porque no soporto el peso de mi mente
Inventandote, escuchandote, reverenciadote
En cada amanecer
En cada hora que no explica el sentido
De esta magia
De este mundo
Manifiéstate o ven por mí que ya no quiero
El peso de suponerte
Sin saberte.
La clave está escrita en
La figura sumergida, en el
Ocaso, en el medio, en el arriba
En mi alma.
Y yo no sabía de Ti
Más que tu Letra.
A.H.
Mariano P.
Octubre 2004 / Marzo 2008
