Sunday, March 2, 2008

Ficciones (I)

Acababa de cenar, eran casi las diez. Encendí un cigarro, serví un trago y me acomodé en mi sillón favorito con la única compañía de un cálido Ravel y del libro que ahora sí me disponía a concluir. Era una biografía mal novelada del físico austríaco Austin Herzog, pionero del pensamiento cuántico relacionado con la conductividad y la inexistencia del tiempo durante el siglo XIX. Ferviente admirador de Holderlin, acabó loco como el poeta y desapareció (se dice que murió envenenado en una prisión checa) cuando todavía no cumplía cuarenta años.
Me gustaba sin embargo ese mal libro, porque el autor (un académico español apellidado Blasco de Iturbieta que se hizo fugazmente famoso a raíz de su poético suicidio, el que simplemente maquilló con una enfermedad incurable que lo iba a llevar más temprano que tarde a la misma fosa pero sin tanto glamour) se había tomado el preciado y reconocido trabajo de recorrer toda Austria, Checoslovaquia y Alemania del este (en plena Guerra Fría) buscando todas las pistas existentes de Herzog, incluyendo su minúscula poética, que ejercía con más entusiasmo que habilidad, pero que no dejaba de revelar esquinas inquietantes y que aún de manera velada, pueden insinuar las razones que lo llevaron al ostracismo personal que acabó con su vida. Dato curioso, el mismísimo Einstein reconoció en un par de oportunidades el trabajo del austríaco, aún cuando durante todo el siglo XIX su trabajo fue prolijamente ignorado por todas las instituciones académicas de Europa. Sus intentos poéticos, crípticos y apartados de cualquier clasificación estilística, jamás trascendieron más allá de alguna publicación en cierto periódico vienés. Blasco de Iturbieta logró descifrar ciertos vínculos entre Herzog y el editor del mismo, pero no arriesga a confirmar lo que sospecha, en el sentido que el científico tenía intereses económicos en la casa editorial. Otra línea de su obsesiva investigación le indicaba que el editor era su yerno. Y una tercera echaba por tierra las dos anteriores, argumentando que el físico había vivido la mayor parte de su vida en total fracaso financiero y que su único hijo había sido un varón, militar por vocación del ejército prusiano bajo las órdenes del Kaiser Guillermo I, llegando a ostentar cierto rango y que murió en combate, promediando la Primera Guerra Mundial. De entre los pocos poemas que Iturbieta logró recuperar, destaca el interés por uno en especial. Lleva por título “Enero7”, siguiendo la particular lógica del autor, que, en algún preámbulo a sus disparates, explicaba –cito textual a Iturbieta, que a su vez traduce literalmente del alemán a Herzog- “(…) por cuanto no habré de explicar sobre el hecho de proponer como título para mis obras más que la referencia calendaria del día de su redacción, que mi obra literaria, si el Supremo Arquitecto me mantiene sano y lúcido por cuanto tiempo me demande la tarea, finalizará con el poema número trescientos sesenta y cinco, y en día y mes en que todavía no habrá pieza alguna identificada con esa fecha. No importa si la tarea insume décadas. Finalmente, con él último soneto, rima, verso o lo que la inspiración determine bajo la órbita de su gobierno, cobrará forma el cuerpo total de mi modesta obra. Y leída, ahora sí, en riguroso orden de fecha, adquirirá un sentido único, revelador incluso para mí, que no habré sido más que un intermediario del poder real, para hacer pública una condena, una profecía, o si acaso, una liturgia definitiva que operará en conjunto con fuerzas infinitas y sagradas. Y más allá de todo asombro, injuria o mandato, el destino será irrevocable para todos (…)”
Herzog no publico más de una veintena de sus poemas –como él llamaba a sus desvaríos-, e Iturbieta se suicidó antes de recopilarlos a todos, pero asegura el español – en este caso, sin citar a sus fuentes - que el físico, antes de desaparecer sin dejar rastros, en las vísperas de su cuadragésimo cumpleaños, completó el quimérico número de poemas pretendidos. Y que su desaparición estaba, de alguna forma, ligada a la conclusión de su obra. También afirma Iturbieta, que fue la inspiración poética la que abrió la mente y visión científica del austríaco, permitiéndole formular teorías físicas muy adelantadas a su tiempo. Y que esas mismas visiones, promovieron una patológica neurosis que desembocó al poco tiempo, en abierta locura. Iturbieta insiste en que descifrar las claves de la desaparición de Herzog, puede conducir al hallazgo del resto de su obra, incluyendo manuscritos que contenían ciertas conclusiones relacionadas a una investigación sobre partículas, que llevaba años reformulando y de la que jamás se volvió a tener conocimiento al desaparecer junto con él, sus cuadernos de trabajo.
Copio ahora, agradeciendo la paciencia del lector, el “poema” de Herzog preferido de Iturbieta.

Enero 7

Colmados de ideas estamos
De verdades absolutas o deshechos inmortales
Cubiertos por el lodo de la fe más mentirosa
Vamos
Inventando traiciones que conspiran
Contra Dios
Jamás sabremos que el minuto en que se divide la materia
Es más ínfimo que nosotros
Más preciso que el castigo divino
Irremediable que ajusticia
Al que se atreve a dudar de la razon
Si me rebelo Oh Dios inexistente
Es porque no soporto el peso de mi mente
Inventandote, escuchandote, reverenciadote
En cada amanecer
En cada hora que no explica el sentido
De esta magia
De este mundo
Manifiéstate o ven por mí que ya no quiero
El peso de suponerte
Sin saberte.
La clave está escrita en
La figura sumergida, en el
Ocaso, en el medio, en el arriba
En mi alma.
Y yo no sabía de Ti
Más que tu Letra.

A.H.

Mariano P.
Octubre 2004 / Marzo 2008

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Monday, October 23, 2006

Cartas Desde Oaxaca

“… nos queda Oaxaca, peyote, San Pedro y amigos
que no nos quieren cambiar.”
(Enrique Bunbury, “Los Restos del Naufragio”)


(Primera Carta)

…ah, qué cosa esto de insistir, de remodelar la terquedad y nutrirla de colores innecesarios, de palabras necias, vanas e inmediatas en este juego del no jugar ni del ‘tiro porque me toca’. Dos canciones, las silbo mientras escribo. Cuando tenga una guitarra las podré desafinar con más autoridad y podré invitar a todo mundo a que no me escuche nunca.
Hoy voy a Monte Alban. Me dijo D… que hay mucha energía ahí y que tengo que subirme a la pirámide más grande luego de pedir permiso a la energía mayor y simplemente poner mi mente en blanco. ¿Qué habrá? ¿Qué magia podré invocar? ¿Qué podré pedir o recibir?

Ya es viernes y falta menos para todo, hasta para morirse. Pero también falta menos para renacer, para volver a reivindicar otras terquedades, otras intenciones, otras victorias y posiblemente, todos los fracasos que falten. Pero todavía estamos a tiempo de decir ‘y a mí qué me importa’.
¿Jugar a no jugar?
… qué más da, juguemos.
Oaxaca, Oaxaca, viernes 28 de mayo de 2004


(Segunda Carta)

Y así todo. Así el arte, así las canciones, así la vida, así la…
Así la libertad, así los viajes, así el tiempo, así las palomas, así las palabras….
Ah, las palabras… qué placer el elegirlas, acariciarlas, pulirlas, lavarlas con saliva y miel, ponerlas a secar al sol de la mañana para que luzcan esplendidas en cualquier poema, en una carta, en algún párrafo innecesario que se me vaya de las manos. Y reencontrarlas y rescatarlas de los diccionarios, de los edictos, de los bandos insolentes de gobierno que las prostituyen en nombre de la ley. Y salvarlas de los vendedores, que a los gritos y en las calles las ensucian; ampararlas de los púlpitos que las invocan en nombre de un Dios que jamás necesitó de ellas más que para decir “Hágase…”; o simplemente, del discurso alevosamente hueco e irrespetuoso de aquellos que no saben que una palabra puede ser sagrada.
¿Quién resistirá cuando al amor ataque? ¿Estaremos para verlo? ¿Será antes o después de Todo?

Sobre el crepúsculo de mi visita del viernes a Monte Albán me encontré con un anciano desgarbado e indudáblemente pobre (materialmente pobre, quiero decir) que andaba entre las pirámides gesticulando con ayuda de su bastón y profiriendo a los turistas quién sabe qué cosas en su dialecto zapoteco. De momentos se acordaba de Agustín Lara y remitía a “Noche de Ronda” (otra para mi catálogo de casualidades: la novela que llevo años escribiendo y borrando, como Penélope, se llama “Luna que se quiebra” y saqué el título precisamente de una línea de ese bolero que el viejo del viernes iba equivocando con tal de ganarse unas monedas si es que sus servicios como dudoso guía no eran considerados por nadie). Me dediqué a seguirlo un rato. Lo vi acercarse a una joven pareja y hablarles en perfecto francés. El joven y su esposa (o novia) le sonrieron con curiosidad pero también con temor. Le preguntaron cómo sabía que eran franceses (o lo supongo, hace veinte años abandoné mis clases de francés y sólo recuerdo unas pocas palabras, pero la curiosidad de los jóvenes era también la mía y no pudieron haberle preguntado otra cosa por la expresión de sus rostros). Por toda respuesta el viejo se río muy fuerte y mientras les daba la espalda para seguir su camino a ningún lado volvió al crossover políglota y desafinado de “… dime si esta noche tú te vas de ronda como ella se fue…”. La pareja olvidó rápido el sorpresivo incidente y siguió su camino. Yo no pude evitar la tentación de seguirlo otra vez, deseando que otra casualidad (ya que no mi temerosa decisión) me pusiera delante de él. En un descuido lo perdí. Fueron apenas dos segundos que utilicé para ver cuanta batería le quedaba a mi cámara y al levantar la vista, el viejo ya no estaba. Superada la sorpresa y resignado a la locura de los dioses,pero respetándola, seguí derivando mis pasos por ahí. Fui a parar a una tumba solitaria y me quedé de pie, honrando en silencio el espíritu de quien hubiera ocupado ese lugar. De manera tal que se me volvió a cerrar la garganta y a humedecer la vista por enésima vez en ese mediodía y sin que pudiera yo entender qué estaba pasando conmigo en aquella terraza colosal desde donde se domina toda la ciudad de Oaxaca y que vibra niveles altísimos de energía. Lloré incontenible e inexplicablemente por aquella muerte añeja y olvidada hasta por la misma alma inquilina de ese cuerpo ya podrido y vuelto al polvo y que estará de nuevo reencarnada quién sabe dónde, tan viva e ignorante de su vida y muerte zapoteca de mil años atrás… esa que ahorita mismo un extraño está llorando con ridícula extemporaneidad (ah… esa impuntualidad mexicana que se me viene pegando para todo…).
Reponiéndome del duelo fugaz pero (no sé porqué) necesario, me incorporé de golpe de mi respetuosa inclinación… para percatarme de una presencia repentina junto a mí. Volteé, como presa de un reflejo, para encontrarme al viejo indio sonriéndome maliciosamente, cara a cara. Misobresalto pareció divertirlo, porque soltó la risotada casi diabólica. En ese preciso momento, voltée nuevamente en 360 grados, para darme cuenta que estábamos solos,que repentinamente la energía avaló mis deseos y me puso delante de esa forma humana intrigante cuyos ojos me miraban (y me siguen mirando) quién sabe desde dónde…
Entonces me repongo de la duda y el temor y al tiempo que revuelvo en mi bolsa para buscar una moneda, sin darle tiempo a nada le digo: “dígame algo, lo que quiera”. A lo que el viejo me responde quién sabe qué cosa en su lengua natal (supongo). Breve, pero enérgico. “No le entiendo, disculpe” le digo. Vuelve a reírse y me
dice en un español sin articular: “Qué usted quiere saber el señor”, así, sin que el tono descubriera si era pregunta o afirmación. Y antes que pudiera decirle nada y sin dejar de verme a los ojos, me dice: “Ya puede irse el señor, lo que vino a buscar ya se lo lleva usted el señor”. Suelta la carcajada de nuevo y dejándome con la moneda en la mano, da media vuelta y se va, agitando su bastón por los aires y desentonando un bolero distinto (y esa fue la clave para saber que mi canción había terminado… y mi tiempo en ese lugar sagrado también). Volví a bajar la vista y a contar hasta tres, para darle chance a la magia de operar nuevamente. Al cabo de ese instante el viejo ya había desaparecido otra vez, pero ahora de manera definitiva. Obediente, me despedí del lugar, de los dioses, de los monumentos, de las pirámides, de las tumbas. Busqué un lugar solitario, toque una piedra tallada, cerré los ojos, agradecí… y busqué la salida sin volver la vista atrás. (…)
Oaxaca, Oaxaca, domingo 30 de mayo de 2004


… a Oaxaca, la de los milagros, la de los amigos que no, que no nos quieren cambiar.

Mariano


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Tuesday, September 28, 2004

… flor…

Lunes, mediodía. Estuve buena parte de la mañana enseñándole a Dylan a
decir la palabra “flor” sin mayor éxito, pero de tanto repetirla mi cuarto se
colmó de margaritas, jazmines, claveles, fresias, crisantemos, alhelíes…
 
Mariano
 
 

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Saturday, September 25, 2004

Canaria

Perdida vista al mar. Decidida.
Exilio y ansiedad.
Curiosa intensidad de buscar sin ser buscada.
Serena y nueva,
Perdida
en soledad,
tus pasos van, cansados
y descalzos en la arena, sin apuro,
sin edad.
Las aguas te regalan un oasis. Tierra prometida y que promete
algún futuro.
 
Un impulso fugaz
hace el intento de atraparte y retenerte
entre el pasado y el sur.
Pasado y tú (que antes fue ‘vos’)
Alguien sabe que tendrá que amarte un día. O dos.
O siempre.
Y otra vez la vista al mar.
Siete islas, siete vidas. Nada que hiera.
Sólo gaviotas y playas entre el ayer
y el presente.   (… ya nunca te verán como te vieran…)

Mariano

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Friday, September 24, 2004

Relojes

Tic tac…
Ahí van de nuevo marcando el ritmo de la osadía.
Se fue de nuevo el barco, al conjuro inútil de siempre
Un café, un recuerdo
Un intento de alegría.
Tic tac…
Las dos han dado, el dolor está en calma.
Desde las ruinas de esta noche pienso que es verdad
el aire de tu música hecho viento,
tu partida,
tu ausencia,
la soledad de ti devorando el…
Tic… tac…
… ¿tiempo?.
Fatal
Mentira
Excusa (no tengo tiempo…)
Destino. Estación perpetua de una misma vía con dos nombres:
Vida/Muerte
‘ Che bella cosa na jurnata ‘e sole, n’aria serena doppo na tempesta!’ cantaba la abuela.
Mentira. Nunca hubo mañanas de sol. Solo noche, soledad y este naipe fatal
de una sola suerte.
 
Mariano
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Thursday, September 23, 2004

De Tu Octubre

¿Cuántas lluvias le quedan a mi invierno?
¿Cuántas noches pasar si ya es de día?
¿Cuántos desvelos de apilar sueño sin sueños?
¿Cuánta vida de cadenas a este esclavo sin su dueño?
¿Cuántas notas que agrupar sin melodías?
¿Cuánto abril amontonar sin el equipaje tierno
… de tu octubre?
No saldré a rogar por el agua en mi desierto, ni a pintar en lienzos mis miserias,
mi espantosa libertad
de tempestad en mar abierto.
Y me niego a suponer que falta tiempo, que no puedo decir que ya no miento
sin faltar a la verdad.
Me niego a sostener el silencio en solitario de mi voz;
a vivir sin otro marzo, al dolor sin tu piedad.
A las cartas sin membretes ni papel, a no esperarte en este tren,
a mis años sin edad y mis penas sin cancel.
Me niego a las palabras sin canciones, a las ruinas de mis ruinas, al querer sin emociones.
Me niego a pensar que ya no hay nada desde el hueco de esta cama
sin tu piel
que recorría en ese mapa interminable de aromas y desvíos,
con escalas en la esquina de mi boca y tu sabor a miel.
No sé si volverás cuando yo quiera, en esta u otra era, en este u otro cielo.
Y no estarás de nuevo entre mis sueños
sino es certeza…
Porque no encuentro el rincón de mis desvelos, creen que me lleva el desconsuelo
y no la fe, no el discurso…
No más promesas
ni llamados de un suspiro que me ubica, que me grita y me suplica…
no el intento vano de buscarte
que me exige el amor que te llevaste
y me revuelca en esta hiel perversa
y brutal
de no poder amarte.
 
Mariano
Oaxaca, Mx - 29 y 30 de mayo de 2004
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Wednesday, September 22, 2004

Lo Mismo

Nada es lo mismo, aunque todo pueda parecer igual.
Ni lo que somos de lo que seremos, ni lo que posiblemente hayamos sido de aquello que puntualmente olvidaremos.
No es lo mismo perderse que dejarse ir; no es lo mismo vivir que durar, ni estar que permanecer. No es lo mismo suponer que creer (con toda el alma), ni es lo mismo entender que descubrir. No es lo mismo la rosa que la espina, la palabra escrita que el grito genuino. No es lo mismo rezar que rogar ni amar que querer. No es lo mismo volver que empezar, ni volver a empezar; ni empezar a volver, que finalmente regresar.
No es lo mismo la noche que la oscuridad, no es lo mismo el llanto que la lágrima, como no es lo mismo la sonrisa que la ironía, o el deseo que la codicia…
En suma… nada es lo mismo, ni siquiera la nada, ni siquiera lo mismo.
Pero aquí seguimos, como siempre y como nunca siendo tan diferentes, aunque casi, casi… los mismos.
 
Mariano
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Monday, September 20, 2004

Deja-Vú

Sábado.
Como el sábado que te arrebató de tu vida y de la mía.
Como cada sábado que se tornará espina
en mi costado
para derramar mi alma vacía de todo menos de tí. De ti a mi lado.
Sábado en tu cartas, en tus libros anotados, en tus cuentos y poemas.
Vuelve tu voz desde una cinta. Me hablas de teoremas, me regañas,
me deseas, me fascinas. Te obedezco y
no te ensañas.
Increíble que estés tan lejos si desde tan cerca te vas.
Me desangro en cada letra como quien opaca
un desconcierto, como quien convoca un milagro.
Sábado y esta soledad abarca madrugadas, recorre autopistas de tristeza,
inventa desamores y esperanzas.
Sábado y la cuenta regresiva se pierde entre el cuatro y un millón.
Y yo sin saber por dónde andará, por dónde andarás. Por dónde andaremos y cuándo.
Qué barata es la poesía cuando no hay belleza en la amagura,
cuando la desolación impera naufragando en la laguna
del no estás.
¿Qué será de nosotros cuando el amor ataque y nos sorprenda perdidos
en el recuerdo de lo que fuimos y vinimos
y en ese otro deja-vu perpetuo de lo que volveremos a ser….?
¿Qué serán los sábados de cada mes cuando la tierra tiemble de amor y ya no estemos?
¿Quíén gobernará a las musas desbocadas cuando la canción te cante sin pedir permiso?
Sábado… y el resto de los días son el ángulo recto
de mi geometía quebrada,
de mi matemática de puras restas, de mi lógica sin razón, de mi física sin química.
Sábado, otra vez, tan pronto.
Y desde otro como este se disparará el momento
en que se romperá la duda,
y volveremos a la magia
de un amor final…
de un amor sin tiempo.
 
Mariano
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