Monday, August 7, 2006

Cuando Callabas…

Sigo buscándome, sigo buscándote. De todos los lugares en que nos perdimos, aprenderé a reconocer el adecuado, el preciso y definitivo en el que podré olvidarte sin remordimientos. Cualquiera sea el fuego que elija, lo encenderás. Cualquiera fuera el mito, lo derribarré desde el antaño y triste rubor de tu piel cuando callabas.
Ah… esos silencios.
No más.


Mariano
8 de marzo de 2006

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Monday, July 10, 2006

No title

ánimo.cry more often.nomeolvides
best you can do is forgive.grita.shineshineshine

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Saturday, July 8, 2006

12345 (III)

1. Decidirse, siempre decidirse. De eso hablábamos cuando se decidió y todo lo abrumó con su ausencia.
2. Antes del sol, yo estaba bien. Antes de ella, no.
3. Fuimos recorriendo la memoria, libres de recuerdos, asomados como siervos indecentes a la orilla de un pasado improbable y descarado.
4. La noche sabe dónde estamos. Sin descanso ni descenso nos vigila, nos contiene, nos delata, y de alguna manera, nos desea.
5. Exáctamente, tú.

Mariano
8 de Julio de 2006

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Nunca

Nunca volveré a escuchar por primera vez
mi canción favorita.
Ni conoceré otra vez el aliento exacto
de aquel beso original, ni el estreno de sus pasos, anunciando su visita.
No volveré a conocer el jazmín en sus cabellos
ni el milagro de un momento entre sus brazos, como aquel primero;
más los otros, los que fueron
fatales destellos
de un destino
tan fugaz, tan bello
y repentino.

Por eso,
nunca dejaré de llorar esta certeza de saber
que he sido
-apenas-
un instante en su camino.

… nunca.

Mariano
Junio 2006

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Adios

Y fue como abrirte de nuevo la puerta por donde jamás regresarás. Y se pobló el aire de tu tiempo. Y se mintió el espacio con tu risa y tu perfume. Y descubrí cuánto llevo pensando en este adios… casi un año ya. Porque no te dejo ser, porque me dueles así. Porque ya no estás y jamás regresarás. Pero no pude ni quise despedirte nunca. En ese miserable egoismo te retengo y te vuelvo a buscar cada vez, cada noche. Como cuando no puedo ponerme a salvo de mí mismo y siento que no estás, que no estuviste ni estarás. Como cuando siento que fuiste un sueño por el que volé medio mundo en medio día. O como cuando me veo a mí mismo tratando de descifrar una mirada que de tanta resultó tan poca. Y hoy por hoy, por ti y por mi, tengo que decirte adios.


Mariano
Marzo 2006

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Monday, January 23, 2006

En…

En el surco, en el tiempo, en el mar, en el camino, en el recuerdo, en el destino, en tu collar, en mi pesar, en mi pasado, en mí, en todo lo que das
En cualquier desatino.
En mi oración, en mi feliz incertidumbre, en mi mansa desesperación, en mi ansiedad y mi ambición, en la oscuridad de esta (otra) noche sin lunas ni lumbre. En mi silencio de todo, en mi verbo contenido, en mis zarpazos y alaridos, en mi grito sin voz y en mi árbol sin nido.
En tu mirada, en tu tristeza, en tu emoción y tu alborada, en tu lujosa sonrisa y tu pasión desfachatada. En tu cuerda locura, en tus peligros, en tu esperanza, en tus gemidos…
En tu perdón, en tus lágrimas, en tu canción, en tus miedos, en tu devoción para amar, en tu calor sin fuego…
En todo eso estamos, en todo eso somos tanto como fuimos y seremos, como estuvimos y estaremos…
… y desde todo esto sé que nunca te olvidaré.

Mariano

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Saturday, July 16, 2005

Justo lo que no quería

Sentirme así. Tan solo, tan vacío. Tan perdido en mí, tan sin sentido. Justo como no debía. Volverme a presentir sin ti justo ahora, que te veía, que te sentía. Tenerte entre mis brazos con sólo cerrar los ojos, amarte con sólo imaginarte, quererte porque sí, porque tú, porque mí…
¿Qué me quedará cuando ya no esté ni siquiera triste, cuando hasta esa infeliz tortura me abandone?¿Qué será de mí sin mí, qué será de mi sin ti?
Justo lo que no quería. Abrir lo ojos y ver un cuarto poblado por tu ausencia, llamarte sin respuestas, abrir la puerta y asomar a un corredor vacío que guarda tus pasos descalzos. Para no dejarte ir, para retener las huellas de tu piel sobre mi piel… para jugar al tiempo que nos falta o que se fue, para recordar que la vida es una herida absurda sino escucho tu risa… sin tus ojos.
Justo lo que no quería… convocar a la melancolía de esta noche de verano. Abrir el vino. Fumar. Volver a volar hacia el pasado, hacia el futuro y no ver más que imposibles: lo que no fue, lo que nunca será. Y claro, justo lo que no quería, enfrentarme al presente disparatado que me empuja hacia la verdad de lo que soy y lo que no soy, de lo que tengo y lo que no tengo, de lo que es y no es mío.

¿Quién eres?¿Quién te puso en mi camino?

Si tan sólo supieras…
y si de saberlo entendieras…

… cuanto pero cuanto te necesito.

 
-M-
 
 
 
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Sunday, June 12, 2005

12345 (II)

1. La última vez que me mintieron fueron tan precisos que a partir de entonces jamás volví confiar en la verdad.
2. Eres tan niña que tu sonrisa es un juguete, tu rostro una moneda de chocolate y tu alma un peluche color cielo en donde mi alma se recuesta y encuentra la serenidad que la insensata madurez me quitó.
3. Te borraría la memoria que te quema el alma. Te dibujaría un intento real, una emoción distinta y definitiva. Te partiría al medio en un antes y un después en donde nadie mereciera tu odio, empezando por ti.
4. Dejé entrar un sonido blanco. Ese fue el que acalló al murmullo gris cuando el grito dorado rompió los cristales que sonaron en púrpura y plata al regar el suelo. Pisé mi propia sangre de pies cortados y ahogué un gemido azul. Canté en magenta sobre una lágrima y la melodía azul absorbió el rojo. Con todo eso te pinté un rostro -el mismo- y colmaste de nuevo el último minuto de mi vida. Bienvenida a casa, mi amor. No sabes cuánto te extrañé…
5. … y cuánto te necesito.

Mariano Pedrozo
12 de junio de 2005

 

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Monday, March 28, 2005

Que

I

Que te busqué,
que te menti,
que te adoré,
que te bendije.
Que te soñé,
que te encontré.

II

¿Qué no te dije?
¿Qué no creci?
¿Qué no acerté?
¿Que no sufrí?
¿Qué no predije?
¿Qué no te di?
¿Qué no me diste?

III

Que te usé,
que me dejé,
que me perdí,
que me perdiste
Que no creiste que no me fui,
que no te fuiste.

IV

¿Qué no pequé?
¿Qué no entendí?
¿Que no alcancé?
¿Qué no viví?
¿Qué no te hice?
¿Que no me hiciste?

¿Qué fue de anoche en que te maté de amor y reviviste?

Mariano Pedrozo
27 y 28 de Marzo de 2005

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Monday, March 21, 2005

Inalterable

… a Norma y a mi padre

Antes de volver a verse en el espejo, Sabine descompuso el mechón rebelde en dos y asomó por entre ellos la mirada. Luego regresó la vista al frente y se contempló una vez más.
Perdida en sus propios ojos no supo qué o quién le habló desde aquellas pupilas tan jóvenes y tan viejas que parecían otras, que parecían ajenas y en las que sin embargo se reconocía tanto. Lo que oyó la regresó a un tiempo perdido, ya igual de ajeno. Se preguntó incluso si realmente había vivido aquella parte de su vida o si la estaba imaginando. Pero como en un trance irresistible prefirió no responder ni esperar respuestas. Sabine hundió la vista en el espejo y emprendió el regreso.

Promediaba noviembre, hacía calor. Era lunes y el reloj de la iglesia firmaba puntual la hora quinta de la tarde. Cuando los dos hombres soltaron las cuerdas y resoplaron, el pequeño grupo de gente que rodeaba la fosa se volteó hacia la niña. Su mamá le dio un pequeño empujón y avanzó. Primero un paso corto, casi como un ligero tropiezo. Luego otro. Finalmente llegó a ese improvisado precipicio de la muerte y se equilibró en el borde. Alguien la tomó del hombro, temeroso de que cayera. Sabine miró hacia abajo y vio la tapa negra. Y vio una cruz (¿pero y Dios adónde está papá, papito?). Dio un paso atrás, recogió tantito su falda y se arrodilló sobre la tierra negra removida y humeda. Sintió clavarse en sus piernas los guijarros mezclados con raices pero no pensó en ello, ajena a todo posible dolor que compitiera con ese otro que aún no comprendía ni quería comprender. Hundió en la tierra su mano pequeña y cerró el puño. Se quedó así un segundo o cien. Levantó luego también el brazo y dejó caer en la fosa la tierra que golpeó como la misma muerte sobre la tapa negra. Sólo en ese momento pudo soltar el llanto y un ‘…papito lindo…’ que entre lágrimas, gemidos y mocos nadie escuchó.

De aquella visión la rescató la enfermera. La señora debe permanecer acostada. ¿Ya tomó su te?

El dolor iba y venía y Sabine se marchaba lentamente al compás de ese macabro vaivén y de la misma enfermedad sobre la que cabalgó su padre años atrás. Sabine se marchaba –y lo sabía- pero la niña seguía ahí. Cada vez que se peinaba la volvía en ver en sus ojos invictos de todo mal.

Nunca aprehendió el amor que todos le ofrecieron. ¿A qué horas fue mujer? ¿También para eso se necesita de la sangre? Cuando besó por primera vez el mundo entero le vomitó una carcajada que más tenía que ver con el anhelo de disfrazar una prematura decepción que con celebrar esa parodia del amor que entonces le juraban. Nunca entendió lo que aquel sujeto hacía con ella, ni por qué. Nunca se lo preguntó. Jamás lo reprochó. Tampoco lo amó

Papá, ¿el amor duele?. Sí mi niña, el amor duele. ¿Y por qué? Quién sabe chiquita, a lo mejor porque la gente no sabe amar.

Sabine vuelve al espejo una y otra vez, aún cuando el dolor es insoportable. Sólo cuenta con esa niña y sus secretos compartidos. Pierde la vista en aquella pupilas verdetiempo, verdemar, verdenubias, verde que ni siquiera es verde pero que ah, cómo se asemeja a aquel verde lejano y sutil, verde y sereno que duró tan poco, papito. Tan poco. Sabine llora y llora con ella aquella niña perfecta y eterna que jamás morirá. Esa niña perenne de la que siente que nada aprendió y que la arrulla desde la infancia perdida de un tiempo perfecto, inmaculado, en el que el amor dolía, pero no importaba.

Como el verano en que arrojó una piedra contra la ola y de ella surgió una gaviota. Y de pronto el mar volvió a ser mar y el color, papito, el color maravilloso del agua viva, del sol poniéndose y tus brazos y tu regaño por acercarme demasiado al mar. Y había un perrito que no era mío ni de nadie. Y una caracola así de grande y una estrella (caida del cielo me dijiste y aunque sabía que era mentira te adoré) y la arena blanca y las rocas y de nuevo el sol, papito.

Sabine busca aquellos ojos incorruptibles, que resisten todo mal, toda química, todo dolor. Avanza hacia atrás porque sólo la memoria no traiciona y porque sabe que ya no podrá fabricar un sólo recuerdo más, porque el futuro no existe para nadie y menos que menos para ella que ya no estará después de este frágil ahora para evocar nada. En el consuelo de una niña chiquita que se desconsuela de tristeza y desamor, Sabine se reencuentra y reivindica la esencia de un alma preciosa conspirando contra un cuerpo condenado.

Un sábado de diciembre el espejo se rompió y otro puñado de tierra regresó a Sabine a los ojos de aquella niña inalterable que jamás dejó de ser.

Mariano Pedrozo
20 de marzo de 2005

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